jueves 08 de junio de 2006

Guerra de los mundos (2005)

Imagen

Calificación: Imagen

Cuando pienso en una película de Steven Spielberg lo primero que se me viene a la mente es espectáculo. Cine espectáculo. Un derroche de ingenio para pasar dos horas asombrado frente a una pantalla de cine. Ya lo ha demostrado, por ejemplo, con Indiana Jones (1981), Tiburón (1975), E.T. El extraterrestre (1982), lo repitió con Jurassic Park (1993) y hoy lo vuelve a lograr con Guerra de los mundos (2005).

Spielberg ha hecho trabajos serios y de gran calidad dramática. Ahí tenemos, por ejemplo, La lista de Schindler (1993), Imperio del sol (1987), Color púrpura (1985), Salvando al Soldado Ryan (1999) o Amistad (1997), todas mostrando, además de un gran manejo del relato, una pulida técnica cinematográfica. Pero Guerra de los mundos vuelve a lo que hizo famoso a Spielberg en aquellos tiempos: el espectáculo visual. El filme es un portentoso despliegue de imágenes con el único propósito de apabullar visualmente al espectador. Mantenerlo en su asiento disfrutando de una gran tensión, emoción y vibrante energía por casi dos horas.

El inconveniente que tengo, sin embargo, es con el desvío que hacen los guionistas sobre el mensaje de la obra original. Cuando el libro "Guerra de los mundos" se publicó en 1898 -hace más de cien años- su autor mostró de una forma irónica cómo los seres humanos somos en realidad insignificantes en comparación al gran cosmos que nos rodea. Jactándonos de nuestro poder sobre los organismos de la Tierra y la soberbia que caracteriza a nuestra raza, seres extraterrestres invadían nuestro planeta con un sólo objetivo: exterminarnos. No era una guerra –y eso es cierto-, era un exterminio.

La película de Spielberg, sin embargo, le apuesta a los lazos familiares en vez de dar un enfoque sobre lo vulnerable que es la raza humana de la forma como lo hizo H. G. Wells, el autor del libro. La escena inicial, antes de que de comienzo la catástrofe, lo demuestra claramente: un padre descuidado que hace el intento por ganarse el cariño de sus hijos.

Nos encontramos ante una película de supervivencia. No sólo de la humanidad, sino de nuestros personajes principales, Ray Ferrier (Tom Cruise), un trabajador de los muelles, y sus dos hijos, Rachel Ferrier (Dakota Fanning) y Robbie Ferrier (Justin Chatwin). Desde esa óptica es que la propuesta sobresale, pues básicamente nos introducimos en una montaña rusa de emociones que, a nivel de estructura, muestra un manejo rítmico casi perfecto –si no fuera por su final apresurado- y un contundente manejo del sonido. La película no funciona cuando intenta ser sentimental. La escena en que padre e hijo se separan no es creíble. Igual sucede con un final que no toca realmente esas emociones que debería. Eso es lo que sucede con el cine espectáculo: todo lo demás se disfraza ante el despliegue abrumador de las imágenes. Lo mismo que sucede con Phone Booth (Enlace Mortal): 80 minutos de pura adrenalina pero varias inconsistencias en la trama.

Por otro lado, cuando H. G. Wells escribió su libro, el autor hacía una alegoría sobre el poder imperial de Gran Bretaña. Su obra quería mostrar cómo era para los nativos que ellos conquistaban el estar indefensos ante tan monstruosa tecnología. Eso lo mostró de una forma irónica con la invasión extraterrestre y la destrucción de la raza humana. Su trabajo adquiría, entonces, un enfoque social y una denuncia ante tan irracional y soberbia actitud por parte del imperio Británico.

Los guionistas no lo enfocan de esa manera. Ellos le apuestan, al contrario, a la relación padre-hijo. Tom Cruise no lo hace mal, pues me parece que queda bien en el papel y su interpretación es decente. La historia familiar simpatiza hasta cierto punto, pero el final es forzado y poco creíble. A pesar de todo hay algo que no puedo ocultar, Guerra de los mundos es un gran espectáculo visual, que si obviamos algunas de sus deficiencias muestra lo que el genio Spielberg sabe hacer a la perfección: hipnotizar a la audiencia con su magia visual.

Publicado originalmente: 2 de julio de 2005