jueves 08 de junio de 2006

Munich

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De Guerra de los mundos (2005) a Munich hay una considerable diferencia en cuanto a las temáticas presentadas y aún mucho más en cuanto a la estética general y estilo visual de ambos filmes, pero está claro que para Steven Spielberg todo se trata de saber contar bien una historia, no importando su género. Pero a diferencia de Ridley Scott por ejemplo, quien de igual forma ha demostrado su versatilidad fílmica a lo largo de su carrera, Spielberg ha logrado en cambio un posicionamiento mucho más marcado como todo un director “geminiano”. Por un lado, con el grandilocuente espectáculo visual, y por otro, con el coqueteo a la dimensión histórica -que es el caso que hoy nos compete.

Pero hay que entender que en Munich Spielberg nos entrega un lineamiento clave al inicio de su filme, ubicándonos en los terrenos de la inspiración en vez de hablar de una cinta “basada en” hechos reales. Nos encontramos entonces ante una ficción histórica que más que mostrarnos una crónica detallada del atentado terrorista en aquellos juegos Olímpicos, nos presenta principalmente la posterior operación llevada a cabo por un equipo encubierto cuyo objetivo era asesinar a los once responsables del secuestro de los atletas israelíes.

En su discurso, sin embargo, los realizadores modifican el esqueleto de los personajes para estructurar dramáticamente un planteamiento moral sobre el círculo vicioso que conlleva la violencia y la sed de venganza (visto desde la óptica del conflicto palestino-israelí pero haciendo paralelismos con los recientes atentados del 11 de septiembre de 2001), el cual, básicamente, se ve reflejado en el derrumbe progresivo de Avner (Eric Bana), líder de la operación y personaje principal.

Pero en realidad el filme funciona mucho mejor como un thriller de suspense que como un manifiesto moral. Son totalmente comprensibles las modificaciones dramáticas que los guionistas han realizado para estructurar la historia, porque no es recomendable buscar en una película una lección histórica en cuanto a método pedagógico se refiere (para eso existen los libros de texto y la documentación pertinente), pero Spielberg y su director de fotografía (Janusz Kaminski) hacen del material una delicia en cuanto atmósfera y suspense se trata.

Es de destacar de igual forma unos exquisitos efectos de sonido que transforman la cinta en una experiencia envolvente –muy parecido al resultado en Salvando al soldado Ryan (1998)-, y hablar también de un guión que en los momentos clave para hacer su planteamiento moral (dos o tres escenas), muestra una perspicacia en extremo bienvenida. El mensaje para el gobierno estadounidense queda dicho en la secuencia final en donde al aparecer los créditos vemos el World Trade Center que, incluso con la ambigüedad que nos deja el director con el último diálogo, nos refleja lo actual y necesario que resulta el cuestionarse sobre la lucha contra el terrorismo y sus implicaciones morales.

Aunque el ritmo decae levemente en la última media hora de proyección, Munich es un filme que recomiendo por la sensibilidad de la temática que presenta y por la audacia de su director para generar el suspense. Aquel espectador que aprecie este tipo de contenido sin duda alguna dará el visto bueno al trabajo de Spielberg y su equipo. Y ya que de lo sucedido en Munich se trata, el documental One day in september (1999), del director Kevin McDonald, es una idónea opción para complementar la receta audiovisual sobre los atentados.

Publicado originalmente: 9 de febrero de 2006