Las tortugas también vuelan
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Siempre es muy grato tener acceso a diferentes propuestas cinematográficas, tanto en la diversidad de sus historias como la misma procedencia de sus realizadores. Si lo visualizamos rápidamente, no siempre tenemos la oportunidad de ver una película coproducida por Irán, Irak y Francia en nuestro país –como el caso del filme que hoy comento-. El año antepasado, por mencionar otra propuesta del Medio Oriente a la que tuvimos acceso, se estrenó en DVD Osama (2003), una coproducción entre Afganistán-Holanda-Japón-Irlanda-Irán. No se trata de joyas del cine si las vemos en términos cinematográficos, pero sin mayor duda representan una puerta hacia la pluralidad fílmica que deberíamos consumir.
El mayor mérito de Bahman Ghobadi –director de Las tortugas también vuelan- es exponer en el contexto de la cercana invasión estadounidense a Irak, un retrato de un campo de refugiados en el Kurdistán iraquí –en la frontera entre Irán y Turquía-, en donde un grupo de niños vive básicamente de una forma miserable desactivando minas antipersonales. El cineasta, de origen kurdo y quien rodó la película dos semanas después de que Estados Unidos invadió Irak en el 2003, lo hace bien bajo el cometido de que es una elocuente exposición que al verla en perspectiva, nos muestra una disparidad entre el enfoque que filtran los medios de comunicación al mundo y la realidad que viven los afectados directos de los conflictos.
“Intento hacer películas a mi manera, inspirándome en la cultura de mi país. Hago películas como una manera de compartir el sufrimiento de mi pueblo", dice el realizador en una de sus notas de producción. El filme, precisamente, sobresale por eso, porque a pesar de tener ciertos altibajos en la estructura de su historia, el padecimiento que atraviesan estos niños queda bien logrado, debido, principalmente, a que no son actores profesionales, sino niños que viven actualmente en la región y los cuales han sido en efecto mutilados por las minas. "En Kurdistán no tenemos actores porque allí el cine es un arte nuevo, pero aunque tenga actores no profesionales trabajo con ellos como si lo fueran y los dirijo de tal forma que puedan entrar en el personaje", concluye Ghobadi.
Entre estos pequeños es de destacar a Soran Ebrahim –arriba en la foto-, quien entrega una interpretación vívida y sagaz como el líder infantil; un personaje perspicaz e incisivo que se desempeña como un excelente negociador. Otro de los elementos efectivos es la posición escéptica que adopta el cineasta al hacer su planteamiento sobre el supuesto papel de libertador que proclama los Estados Unidos. No es un filme político, pero la llegada de las tropas estadounidenses a terreno iraquí y la coincidencia con la finalización de su historia deja una fuerte impresión si en realidad jugarán dicho papel, remitiendo una especie de mensaje tácito en el que habría que presenciar un epílogo del filme para ver los resultados después de la invasión.
Es de aceptar, me parece, que el discurso de Ghobadi realiza una competente labor. Hay un buen trabajo de cámara, una fotografía idónea y una admirable tarea de los niños que residen en esta producción. La principal estimación del filme es, a rasgos generales, su contribución como vehículo comunicador de la realidad infantil en Kurdistán –tema que ya ha abordado el director con su filme Tiempo para los caballos borrachos (2000), pero de una forma más optimista-, y aunque como repito, no es una joya del cine, Las tortugas también vuelan es una película que recomiendo con afecto.
Publicado originalmente: 23 de enero de 2006



