sábado 10 de junio de 2006

Phantom of the opera (2004)

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Al igual que Drácula, por citar uno de los ejemplos más significativos en la cultura popular, el personaje del fantasma de la ópera también comparte un considerable número de adaptaciones al medio audiovisual. La más notable, en el caso cinematográfico, es la versión de 1925 protagonizada por Lon Chaney y dirigida por Rupert Julian. Sin embargo, en un sentido característico, la inspiración de esta nueva adaptación no proviene precisamente de aquel clásico del cine mudo; por el contrario, dejando a un lado el hecho de que es otra adaptación de la ya conocida obra de Gaston Leroux (Le Fantôme de l’Opéra, 1910), la mayor musa de esta cinta dirigida por Joel Schumacher es, en realidad, el musical teatral de 1986 –de título homónimo- compuesto por el británico Andrew Lloyd Webber.

Debido a que el filme fue originalmente concebido por el mismo Webber a principios de los noventa, el guión de esta versión fue coescrito por él, y, en síntesis, está inspirado en un proyecto en el cual desempeñó el papel de compositor, esta película adquiere un sentido en el que más bien es el aspecto musical –tomando en cuenta su concepción-, y no tanto el aspecto fílmico o narrativo, el que se adueña egoístamente de la producción. Es decir, es como si Webber estuviera interesado más por la difusión de su trabajo como compositor que por la narración audiovisual de la historia de Leroux, en donde Joel Schumacher sería más bien como un mero instrumento para trasladar la versión teatral a una propuesta en celuloide.

En ese sentido –que es el más predominante-, y ya que Schumacher no tiene mayores sobresaltos en la dirección, es de notar que el filme es una mezcla de composiciones y letras repetitivas que agotan la voluntad del espectador, eludiendo el factor de que al menos deberían de ser letras ingeniosas. El resultado global, añadiendo, es una experiencia similar al “disco rayado” que al hecho de haber presenciado una película bien escrita o agradable a nivel auditivo. Y en ese apartado no es el hecho del talento vocal de los protagónicos –que por cierto son las voces reales de los tres principales-, sino más bien, a rasgos generales, que el talento musical del compositor se siente muy limitado.

En cuanto al tratamiento de la historia existen dos componentes que dejan mucho que desear. Primero, el filme intenta plasmar un romance entre los protagonistas que falla desastrosamente. No creo que esté mintiendo cuando digo que, por ejemplo, el personaje de Raoul (Patrick Wilson) es tan hueco e incapaz de transmitir la más mínima emoción, que su interacción con Christine da como resultado el más terrible intento por establecer una historia de amor en años. En comparación con lo presenciado en esta versión, el romance entre Adam Sandler y Penélope Cruz en Spanglish (2004) es, en pocas palabras, una 'obra maestra' (que el lector haga sus propias deducciones).

El segundo componente que llama la atención es el mismísimo retrato del fantasma. Lo que debería de ser un rostro totalmente desfigurado y tenebroso –como en la versión de 1925-, o la morada tétrica en el subsuelo de la Ópera Populaire, ahora se ha convertido, a través del maquillaje moderno, en un rostro de revista para damas y un hogar que bien podría estar incluido en un catálogo de 'Martha Stewart Home Living'. Si bien es cierto lo que más sobresale de la cinta es su diseño artístico, habría que considerar seriamente el aspecto gótico y lóbrego que captura el material original, ausente casi en su totalidad en esta obra.

De más esta decir que los realizadores sólo logran un borrador en cuanto a desarrollo de personajes se refiere y se lamenta, por otro lado, la excesiva duración del filme –llegando casi a las dos horas y treinta minutos en total-. Haciendo un balance general me parece que el único aspecto positivo de esta producción es, como repito, su diseño artístico, pero aún así no logra ser motivo suficiente para recomendarla. Si de películas recientes del género se trata, Moulin rouge (2001) continúa guardando su privilegiada posición como el mejor musical de los últimos años. El fantasma de la ópera (2004) es una prueba de que el show no debe continuar.

Publicado originalmente: 26 de enero de 2006