Crash
Calificación:
Tratar de describir todo el argumento de Crash detalladamente no es algo que venga, creo yo, en los mejores intereses tanto del espectador como de mi persona para con este escrito. Basta decir escuetamente que, al igual que Magnolia –del director Paul Thomas Anderson-, cuenta una serie de historias interrelacionadas. Su principal cometido es, a diferencia de la cinta ya mencionada, delinear los conflictos raciales que azotan la vida cotidiana en la polarizada ciudad de Los Ángeles; núcleo de una sociedad diversificada étnicamente en la que emergen diferencias sustanciales en cuanto a la tolerancia no sólo hacia la gente afroamericana, sino también para la latina, árabe o asiática.
En la mezcla el escritor Paul Haggis –quien hace su debut como director con este filme- reúne además un ensamblaje de actores de primer nivel, entre los cuales se puede mencionar a Don Cheadle, Matt Dillon, Terrence Howard, Thandie Newton, Ryan Phillippe, Brendan Fraser y Sandra Bullock, entre otros. Más que un punto en contra –como suele suceder con algunas 'películas de ensamble' cuando existe un mal casting-, esta legión de actores entrega un conjunto de lúcidas interpretaciones que en vez de minimizar el impacto porque una es más protagónica que la otra, encajan con equitativa fuerza e intensidad en el producto global.
Una de las herramientas mejor utilizadas del filme es la acertada fotografía de James Muro (Open Range), con una imagen indiferente de tonalidades opacas que de por sí muestra una soledad y distanciamiento con respecto a nosotros que, grosso modo, hace más permisible sentir esa atmósfera de conflicto subyacente que viven los personajes. Permite respirar ese aire tóxico que emanan las escenas, dando como resultado un bosquejo de Los Ángeles plagado de xenofobia.
Pero uno de los elementos más significativos e impactantes de la propuesta de Paul Haggis es que no recurre a la extrema violencia para hacer su planteamiento. No estamos ante un Ku Klux Klan que adopta medidas extremas para liberar toda esa furia, sino que, por el contrario, se nos muestra de forma tácita todo ese resentimiento provocado no precisamente por un pensamiento irracional –o en su defecto caprichoso-, sino más bien por una combinación de factores sociales envueltos en una burbuja de tiempo que mediante las colisiones de los personajes libera gran parte de esa energía que consume a los mismos.
Para el caso, ahí tenemos la impotencia de un policía al ver que su padre es pobremente atendido por el sistema médico y, ante su desesperación, intenta liberar su rabia interna con una empleada afroamericana y una pareja de esposos. De igual forma un par de chicos afroamericanos roban la camioneta de un importante funcionario al sentir la mirada prejuiciada de la esposa. Y, en su frustración por querer proteger su tienda de los ladrones, un hombre de nacionalidad persa arremete contra un chico latino por no arreglar la cerradura de su puerta.
A diferencia de Million dollar baby –con la cual Paul Haggis obtuvo una nominación al Oscar al Mejor Guión-, en la cual el escritor y director tuvo mucho mayor espacio para maniobrar emocionalmente a los personajes –ya que eran únicamente tres los principales-, en Crash hay una reducción sustancial en el terreno de juego –por ser un buen número de personajes que habitan el filme-, en el que si bien es cierto no quedan firmemente desarrollados por ser básicamente en su estructura arquetipos, y, además, numerosos, sí adquieren una docilidad y naturalidad que los aleja de una mera manipulación.
Es de destacar, sobre todo, a un Matt Dillon y Thandie Newton fenomenales –sobre todo en su segundo encuentro casi mortal en una de las escenas más impactantes del filme-. Crash es un drama con más fuerzas que debilidades. La sociedad estadounidense aparenta la superación de épocas en la que los conflictos raciales eran predominantes –allá en la década de los sesenta sobre todo-, pero esta visión –con un aura de pesimismo en su mayoría, hay que decirlo- presenta una reflexión que aparte de ser actual y poco visible, escarba poderosamente por los delgados hilos que conforman el tejido de la tolerancia racial –quizás como un acto impulsivo, o quizás como la canalización más inmediata de una sociedad a la que se le impone consciente o inconscientemente aquel sentimiento de superioridad sobre otras etnias-. Muy buena película.
Publicado originalmente: 13 de enero de 2006



