He loves me... he loves me not
Calificación:
Es de mencionar que después del éxito internacional de Amélie (2001) la imagen que dejó impresa Audrey Tautou en esa cinta encaja muy complacientemente con el rol de Angélique en esta ópera prima de Laetitia Colombani. Uno hasta podría confundirse y afirmar que la secuencia inicial de À la foile… pas du tout (2002) –título original- es una especie de epílogo o secuela de aquella entusiasta película. Y es que al ver a Tautou entre esa gama de flores y coloridos tal pareciera que en efecto nos encontramos ante tal situación. Pero la cosa en realidad es distinta. Aquí se exploran otros terrenos y se buscan otros resultados. El pequeño recordatorio, al final de cuentas, se desvanece poco a poco. Los detractores de Amélie no tienen porque preocuparse entonces. Nos encontramos ante trabajos muy distintos.
Angélique (Tautou) es una jovencita profundamente enamorada. Vive sus días profesándole un amor intenso a su prometido, enviándole regalos, cuadros, cartas, flores, etcétera. Desviviéndose por su 'príncipe azul'. Su gran obstáculo, sin embargo, es que su galán está casado y pronto será padre. Pero bajo la promesa de que él dejará a su esposa para que puedan hacer una vida juntos, Angélique esperará pacientemente hasta que ese día llegue. Así descrito tal parece que es un argumento de telenovela, pero como ya he mencionado el filme explora terrenos muy distintos. Llegados los cuarenta minutos de duración la película da un giro refrescante que, en pocas palabras, cambia totalmente la perspectiva de lo presenciado hasta esos momentos. Y de este punto en adelante ya no revelaré más.
Es de destacar en esta propuesta un discurso coherente que va atando cada uno de los elementos que conforman los dos grandes segmentos que dividen el filme, ofreciendo un momento agradable al realizar el engranaje de todas las piezas que una vez en concordancia, invitan a una reflexión muy provechosa sobre la objetividad que deberían poseer nuestros juicios al enfrentar cualquier situación. Se resiente un poco, sin embargo, que así como el cambio de perspectiva nos seduce y nos instiga a realizar múltiples conexiones, de igual forma la historia padece de un ligero atascamiento, pues como espectadores nos percatamos que no hay mayor desarrollo en el segundo segmento. A pesar de ello el filme se establece un propósito noble y me parece que lo logra con buen tino.
La diferenciación en cuanto a la fotografía y el diseño de producción en ambos segmentos –abundancia de los matices rojos para Angélique en contraste con los azules más objetivos para su prometido- hacen una benemérita contribución en el resultado global. Para ser su ópera prima la directora Laetitia Colombani muestra un buen dominio y delicadeza en su discurso (muy bonita la elipsis de la bola de cristal), resaltando sobre todo su aporte como guionista del filme. Queda decir que la película está muy bien estructurada desde sus páginas y representa un agradable trabajo que, como se podrán percatar los que ya han visto la cinta, ofrece mayor riqueza al verla por segunda ocasión.
Aunque este filme precede por dos años a Amor eterno (2004), también protagonizado por Audrey Tautou y que en francés se titula Un long dimanche de fiançailles, me parece que la analogía encaja perfectamente entre el título en español y el personaje de Angélique, porque su amor, en definitiva, es eterno. Buena película.
Publicado originalmente: 17 de febrero de 2006



