Kung fu hustle
Calificación:
Shaolin soccer (2002), la película previa del director Stephen Chow, ha sido la comedia de acción más taquillera en toda la historia en Hong Kong. A nuestro país vino hace varios meses pero debo decir que no la pude ver, aunque tuve curiosidad por hacerlo. Todo parece indicar que el director se está consolidando en el género de la comedia a nivel internacional. Ahora, con Kung-fusión (título en español), demuestra que aunque tuvo problemas para distribuir Shaolin soccer con la compañía Miramax, el cambio de distribuidora le ha beneficiado para que su filme sea visto a un nivel más amplio.
Este es un filme de acción-comedia diseñado para seducir a un público internacional y seguidor de los viejos filmes de artes marciales. La cinta, por otro lado, cuenta con referencias a películas como The shining (1980), de Stanley Kubrick; Los intocables (1987), Pandillas de Nueva York (2002) y The matrix (1999), entre otras; de seguro todas esas referencias harán que un espectador occidental se sienta identificado con varias porciones de la película. De igual forma, aparte de que es una rara combinación entre los legendarios filmes de artes marciales con elementos contemporáneos y hasta toques caricaturescos a lo Bugs Bunny, espectadores modernos lograrán identificarse con el enfoque visual y de acción que configura el cineasta.
La historia principal es la de un joven que está cansado de ser un tipo bueno, el cual desde su infancia –en donde experimentó una situación traumática tratando de ayudar a una niña- llegó a la conclusión que sólo los tipos malos son respetados. Shanghai, por su parte, está dominada por una temible banda de pandilleros llamados “El hacha”, quienes controlan gran parte de la ciudad, a excepción de los barrios pobres en donde no hay nada que saquear. Este joven entonces desea integrarse a la pandilla para obtener respeto; sin embargo, rápidamente se verá involucrado en una odisea en la que descubrirá que es “el elegido” para salvar a uno de los barrios pobres del asecho de la pandilla, contradiciendo todos sus deseos de convertirse en criminal.
Aunque es obvio que Kung-fusión no se encuentra ni en la más mínima cercanía a ser nominada al Mejor Guión en algún festival prestigioso, el escritor-productor-director-actor Stephen Chow muestra un gran talento en la estructura visual de su filme. Es cierto que por momentos se excede un poco con el efecto generado por computadora, pero a su vez es capaz de generar una sólida atención ante todo el despliegue escénico que va desfilando durante todo el transcurso del metraje.
Los puntos a favor de Kung-fusión yacen principalmente en su logro técnico. Si hacemos a un lado la calidad del guión se logrará ver que Stephen Chow tiene un buen sentido del lenguaje cinematográfico; sus encuadres, por ejemplo, lo dicen por sí mismos. Hay tomas o secuencias que capturan al espectador por el ingenio artístico que ejecuta el director. La película podrá ser ligera y entretenida, pero su dosis limitada de situaciones cómicas resultó muchísimo mejor que lo que vi en Virgen a los cuarenta; y las pinceladas de la historia de amor fueron –para sorpresa– gratificantes (muy emotiva la escena en que la golosina le hace recordar al protagonista un momento de su infancia).
Aquellos que sientan una especie de repulsión por el género de artes marciales es mejor que ni vean Kung-fusión, pues el filme está cargado de muchas secuencias de acción con desafíos impresionantes a las leyes físicas. Hay espectadores que no gustan de este tipo de filmes por lo que quedan advertidos. Para los que toleran una dosis interesante de artificios visuales combinados con momentos cómicos de poca relevancia, pero ultimadamente entretenidos, Kung-fusión es una agradable sorpresa para pasar un buen momento. Buena película.
Publicado originalmente: 1 de enero de 2006



