jueves 15 de junio de 2006

Criminal

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Si el lector/a aún no ha visto Nueve reinas antes de ver Criminal, le recomiendo fuertemente que lo haga. La segunda es el remake (nueva versión) de la primera, y, en este caso, como en muchos otros, la nueva versión no es más que un agrio recuerdo de la entusiasta película argentina, escrita por Fabián Bielinsky y la cual resultó un exquisito platillo que combinó la trama de la estafa con una dupla de actores –Ricardo Darín y Gastón Pauls- que brilló en pantalla por su excelente química.

El principal problema de esta nueva propuesta es que carece absolutamente de esa chispa de creatividad que deberían introducir los realizadores al hacer la traducción “del español al inglés”. Los guionistas parecen haber hecho una copia con papel carbón de la película argentina, imitando exactamente cada una de las situaciones en que se ven envueltos los protagonistas. Incluso las locaciones y varios encuadres de cámara tienen una semejanza tremenda que le restan al filme la frescura que debería emanar.

La razón principal por la que recomiendo ver primero Nueve reinas es porque se puede caer en la falsa percepción de menospreciar el filme original por lo irregular que resulta este proyecto dirigido por Gregory Jacobs. Asociarlo de esa forma sería, me parece, una total injusticia. Y digo irregular porque haciendo a un lado a su progenitora, Criminal no logra en ningún momento desarrollar con tanto acierto todas las escenas que conforman este juego de los estafadores.

Debido a que es prácticamente una fotocopia de la versión original, no es en los diálogos y el ingenio de las escenas en donde el espectador que ya está familiarizado con la historia se debe enfocar, sino más bien en las interpretaciones y soltura que tienen los protagonistas. En ese apartado John C. Reilly y Diego Luna hacen un trabajo decente pero que dista mucho de la química que establecieron sus predecesores.

De una forma bastante contundente, todo aquel que ya ha visto Nueve reinas no encontrará ni sorpresas –porque ya conoce los giros principales de la trama- ni mayores aciertos –por ser una película repetitiva con la diferencia de ser hablada en inglés-. Para ellos incluso ni siquiera recomendaría el filme. Es mejor que se queden con el buen recuerdo de la original. Para los que no lo han visto, por el contrario, es mejor que consigan a toda costa la versión original.

Criminal, sobre todo, más parece una película que intenta desesperadamente por reforzar el arquetipo de baja estima por la figura latina ante los ojos de los estadounidenses. Diego Luna, en su trayecto en Hollywood, se ha caracterizado por interpretar ese tipo de roles en los que su personaje es el latino que apenas sabe hablar inglés y que se contrasta con el enorme peso de los actores con los que trabaja. Ahí lo tenemos en La terminal como un empleado del área de carga al lado de Tom Hanks; en Open range como un chico débil al lado de Annette Bening, Kevin Costner y Robert Duvall; y hoy junto con John C. Reilly como su aprendiz de estafador –personaje que le pide que cambie su nombre de Rodrigo a Brian porque no se escucha “americano”.

Y no específicamente a la figura latina, sino que también se hace referencia en un momento sobre un personaje “de color”. Así también un individuo que les roba la maleta a los protagónicos convenientemente tiene un aspecto de pandillero latino. Claro, la película está ambientada en Los Ángeles –ciudad con un considerable número de etnias-, pero aún así percibí una fuerte presencia de ese sentimiento de baja estima hacia el rol del latino –algo que no es nada nuevo de todos modos.

La película podrá funcionar para todo aquel que desconozca totalmente la versión original, pues se sentirá agradado de algún modo u otro por los sorpresivos giros de la historia, pero para todo aquel que ya experimentó este viaje, el filme es redundante, poco original por ser una copia exacta y sin ese carisma tan agradable de los protagonistas argentinos. Criminal es una película regular.

Publicado originalmente: 6 de enero de 2006