jueves 15 de junio de 2006

Jarhead

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Calificación: Imagen

Quizá lo más recomendable que puedo hacer al iniciar este comentario es advertirle al lector que no encontrará en esta propuesta un derroche de combates entre ejércitos ni emocionantes escenas de acción que involucren operaciones tácticas como las vistas en Saving Private Ryan (1998) o la serie televisiva Band of brothers (2001). Me parece que es necesaria la aclaración para que el potencial espectador se ubique correctamente desde un inicio con el enfoque que estará a punto de presenciar, y que no caiga en la falsa trampa de las expectativas de que nos encontramos ante una película que retratará la guerra desde un punto de vista brutal. Los realizadores no han estructurado su filme para mostrarnos el horror de la guerra sino que, al contrario, sus intenciones van enfocadas a una exploración psicológica de los soldados, no a un despilfarro efervescente de balas y explosiones.

No esperar violentos combates entonces. En Jarhead: Soldado anónimo (título en español) el combate ocurre en la mente, no en el desierto o en la jungla. Sam Mendes, el director ganador del Oscar por su ópera prima American beauty (1999), nos entrega hoy –con su tercer filme- un interesante punto de vista en el ámbito de las películas de guerra, pero que, al verlo en su conjunto, el planteamiento lastimosamente queda muy disperso en su discurso que el resultado final no es tan satisfactorio como se podría esperar de un cineasta que ha demostrado, con sus dos trabajos previos, un buen sentido de la narración y del lenguaje fílmico.

La película se ubica en la guerra del Golfo (1991), cuando fuerzas iraquíes invadieron Kuwait y cientos de tropas de las Naciones Unidas (principalmente de los Estados Unidos) se establecieron en territorio Saudita para intervenir en el conflicto. La cinta está basada en el libro titulado "Jarhead", escrito por Anthony Swofford, quien en el filme es interpretado por Jake Gyllenhaal (Brokeback mountain, Donnie Darko), y básicamente cuenta sus memorias en una guerra que la película describe de cuatro días, cuatro horas y un minuto de duración. “Esa es mi guerra”, afirma el protagonista.

He dicho que el enfoque que ofrece la cinta es interesante, pues es un punto de vista poco explorado en el cine, en donde la narración se centra en el desequilibrio psicológico que genera la falta de combate cuando los soldados han sido entrenados precisamente para asesinar. Pero ese planteamiento queda muy borroso en el producto final. Cuando llegan las escenas del derrumbe emocional de los protagónicos, el irregular desarrollo de los personajes hace una tarea dificultosa el poder establecer una conexión con sus padecimientos. En ese apartado tanto la interpretación de Peter Sarsgaard como la de Jake Gyllenhaal es buena por sí misma en sus escenas clímax, pero la cinta sólo ha desarrollado las capas más superficiales de la mente de estos soldados.

Con un ritmo irregular y por momentos tedioso, Mendes pareciera estar más interesado en perfeccionar el estilo visual de sus filmes que el buen tratamiento de sus personajes, pues no voy a desestimar un refinado trabajo técnico en el que sobresale una correcta fotografía que nos muestra el cálido desierto o los intensos destellos de la quema de petróleo en contraste con la penumbra de la noche. Pero la verdad es que nunca llegamos realmente a sentir esa desesperación interna que atraviesan estos individuos. Y es que no hay mucha referencia explícita ni implícita en el texto cinematográfico que nos ilumine el camino.

Swofford (Gyllenhaal) es un personaje cuya motivación es volver a reunirse con su novia, a él los guionistas le otorgan un par de escenas decentes que digamos podrían hacerle justicia a su conflicto emocional, pero esas escenas se pierden entre el retrato de aburrimiento que atraviesan los soldados y no nos ofrecen luz en cuanto al trauma psicológico de no combatir cuando se ha sido intensamente entrenado para ello. El sargento Sykes (Jamie Foxx) sólo tiene una línea de diálogo que nos interioriza con su personaje, pero no va enfocada a dicho objetivo. Sólo el personaje de Troy (Sarsgaard) es verdaderamente el único que está diseñado para reflejar ese conflicto interno pero es tan pobremente desarrollado que se desperdicia totalmente.

Dentro de toda la sopa de elementos que conforman este filme quizá el único planteamiento que queda marginalmente bien expuesto es la visión que se ofrece sobre las guerras modernas, en donde un par de bombas aéreas sustituyen el trabajo de las tropas terrestres, las cuales, básicamente, sólo se dedicarían a remover los escombros de los campos de batalla en vez de pelear ferozmente y utilizar el preciso entrenamiento que recibieron. Sólo queda resaltar, después de todo, el hecho de que hay planteamientos y momentos interesantes en el filme, pero están tan dispersos y desorientados en la narración que sólo dejan un sabor de indiferencia. Sí, la fotografía es bonita, pero no vale lo suficiente por sí sola como para recomendar una visita al cine por esta cinta. Tal vez el alquiler de su DVD resulte lo más recomendable porque en general nos encontramos ante una propuesta regular.

Publicado originalmente: 22 de febrero de 2006