King Kong (2005)
Calificación:
Luego que han pasado 72 años desde el colosal estreno de King Kong (1933), poca gente queda para contar de primera mano lo que aquella experiencia significó para ese público. Nosotros sólo podemos recordar que ha habido momentos en la historia del cine, ajenos a nosotros, en que los espectadores han adorado la magia visual del séptimo arte como ningún otro momento. El estreno de King Kong en 1933 fue uno de esos momentos.
King Kong (2005), dirigida por Peter Jackson, es un tributo a ese logro. Si algo hay que decir definitivamente entre una película y la otra es que ambas capturan de una manera asombrosa el glamour visual que el cine es capaz de ofrecer. Transportan y aventuran al espectador a un mundo remoto lleno de criaturas y lugares que brillan en la pantalla de plata.
La versión de Jackson, adaptada con la nueva tecnología que ofrece el medio, es una conmemoración espectacular a la memoria del poderoso gorila, pero sobre todo, una conmemoración al profundo efecto que causó en el director. En palabras del mismo Peter Jackson: “Tengo una gran deuda personal con King Kong porque esa película hizo que yo en realidad quisiera ser director de cine”.
“No voy a cambiar nada de lo que me fascina sobre el filme. No va a ser una película diferente. No voy a reinventarla porque en realidad no necesita ser reinventada. Será exactamente todo lo que me fascinó de la versión original”, comenta el director neozelandés en su entrevista. No habrán sorpresas –uno deduce rápidamente-. De hecho, no las hay –si uno está familiarizado con la historia.
King Kong (2005) es definitivamente el mejor espectáculo cinematográfico del año –no confundirse con mejor película-. De principio a fin, sin caer y enamorarse mucho del material, el director remata con excelente acierto una y otra vez todos los lineamientos principales que conforman el mundo del gorila, el de sus personajes y el de su visión personal.
Lo hace utilizando dos elementos principales –que son los dos aspectos globales que encierran el contenido del filme-. Primero, crear unas secuencias de acción de primer nivel que gobiernan toda la dinámica de la película –pues King Kong es, entre otras cosas, un viaje fantástico espectacular a una isla desconocida-. Y segundo, Jackson crea una delicada y sutil conexión entre Kong y Ann Darrow (Naomi Watts), desarrollando así uno de los encuentros trágicos más apreciados del cine.
Con respecto al primer elemento –y es obvio que los efectos visuales juegan un papel primordial en toda la experiencia- tengo que decir que King Kong, a partir de la finalización de la primera hora de proyección, es una montaña rusa de adrenalina. La cámara –simulando el ajetreo del gorila en movimiento- captura el rostro de Naomi Watts en las poderosas garras de Kong a medida que el colosal gorila se adentra en las profundidades de la jungla cuando recién ha capturado a su cautiva. Si uno cruza la línea para rescatar a la hermosa rubia, es mejor estar preparado para no regresar.
Hay dos secuencias, sobre todo, que tienen un ritmo y una carga de energía tremenda. Una de ellas es cuando ocurre una persecución de velociraptores. En la secuencia, el suelo tiembla ante los poderosos pasos de brontosauros que huyen en manada por un estrecho valle cercado por dos altos riscos. A medida que avanzan, unos con otros chocan ante la inminente caza de los raptores, quienes a una velocidad impresionante también persiguen al equipo de rescate que huye como pequeñas hormigas bajo la gran estampida.
La otra secuencia, por su parte, involucra una lucha titánica entre Kong y tres tiranosaurios rex. Tal vez les esté dando mucha información de la secuencia, pero aunque lean esto, estoy seguro que se sorprenderán de todos modos. Esto es de primer nivel. Es exactamente el porque uno quiere ver películas para entretenerse. Si uno ve a King Kong luchar mano a mano con los tres rex, sólo hay que esperar unos cuantos momentos para ver cuando dos de ellos, Kong y Anne Darrow (Watts), tienen una colosal caída –incluyendo un enfrentamiento intermedio- en un pronunciado acantilado.
El otro gran elemento que mencionada es la relación Kong-Ann Darrow –frecuentemente referida como la relación entre bella y bestia-. Para esos momentos todos los rugidos, armamento, gritos, etcétera, han desaparecido. Esos momentos son de quietud, de silencio. Para ser honesto, la mejor escena de la película –a mi criterio- es precisamente uno de esos momentos. Y no ocurre en la selva, ocurre en un lago congelado rodeado de nieve, cuando justo antes del desenlace, Kong y Ann comparten su último momento de paz.
Este es un elemento inexistente en la versión original, pues Ann nunca muestra un sentimiento recíproco hacia el gorila, sin embargo, eso cambió en la segunda versión producida por Dino de Laurentis (prestigioso y legendario productor), pero es Peter Jackson quien le da el definitivo sello a esa conexión, desarrollando a ambos personajes de una forma que ninguna de las otras dos versiones pudo lograr.
Para cuando llegan los últimos minutos de la película y uno ve el gran plano general del Empire State -majestuoso e impresionante- y a lo lejos vemos la pequeña figura de Kong en la cúspide, uno ya sabe lo que se aproxima. Sigilosos como precisos, los aviones de caza ingresan al encuadre alineados uno tras de otro –la cámara los sigue-. Vertiginosamente, luego de rodear el objetivo y repasar mentalmente la estrategia, uno por uno arremete contra Kong.
Si los remakes, por experiencia, han tenido tanta impopularidad en el pasado –y en general lo seguirán teniendo-, Peter Jackson demuestra nuevamente –pues no es el único que ha afrontado la tarea exitosamente- que un buen remake es posible si se cuenta con el talento creativo adecuado. King Kong (2005) jamás reemplazará a su versión original. Nunca ha sido la intención de Peter Jackson reemplazarla. Su visión, tal como él mismo lo ha expresado, era capturar lo que la versión original hizo por él [y por todos los que han experimentado ese mismo espíritu por Kong] y transmitirla a las nuevas generaciones. “Sr. Jackson…”, le diría yo, “…usted ha hecho un excelente trabajo”.
Publicado originalmente: 15 de diciembre de 2005



