Mission: Impossible 3
Calificación:
El modo de operar de este filme es sencillo. Me atrevería a decir que un 99% de la audiencia ya está tremendamente familiarizada con explosiones, persecuciones y secuencias al límite, por lo que esta nueva entrega no debería sorprender en ese aspecto. Películas como esta son –en la mayoría de los casos- muy fáciles de abordar: se trata, simplemente, de disfrutar la acción. Claro, como todo buen cinéfilo también debemos de exigir una historia amena y hasta donde se pueda, plausible, sin llegar a insultar tanto. Misión Imposible 3 logra esto precisamente porque sabe reforzar una historia trillada en el mundo del espionaje (la dificultad que enfrenta el héroe para llevar una relación amorosa debido a los gajes del oficio) con el elemento primordial que hace que todos estos filmes, en un primer instante, sean exitosos: la acción.
De esta forma tenemos a un Ethan Hunt que intenta deshacerse de su trabajo de espía para poder llevar una vida familiar plena, pero a cada nuevo intento una nueva y fresca misión surge de las profundidades, ya sea de un par de lentes oscuros o de una cámara fotográfica desechable, impidiendo, por supuesto, que el héroe pueda retirarse de una vez por todas. Pero lo bueno de los realizadores es que toman esa línea narrativa y la derraman a lo largo del filme de modo que no llega a ser tan protagónica como para hostigar, ni llega a ser tan ligera como para estorbar, sino que simplemente existe y da paso –para llenar el resto del relato- a cuatro secuencias de acción eficazmente elaboradas –con todo y misiles.
Cuatro escenarios: Berlín, el Vaticano, Estados Unidos y Shanghai. Muy bien fotografiados –destacando la secuencia del puente y las correrías por Shanghai-. Lo único, hay que señalarlo, es que se resiente un poco por parte de J.J. Abrams (director) el uso constante de planos cerrados para narrar la acción, nublando visualmente al espectador –no siempre- y obligándolo a imaginar espacialmente la secuencia, desaprovechando los decorados en varias ocasiones. El uso más recurrente y en momentos oportunos de los planos generales es algo que le faltó a la receta fílmica, sin duda.
Pero la combinación entre acción y drama cuaja. La escena de Ethan y Julia en la azotea es un claro ejemplo de ello, mostrando una correcta actuación de Tom Cruise y una sensible y emotiva interpretación de Michelle Monaghan –crédito a los guionistas de igual forma por darles unas líneas acertadísimas-. Y aunque todos los personajes desempeñan un rol instrumental –a excepción de los intentos de humanizar a Ethan Hunt-, el filme, como repito, sabe extraer lo necesario de cada elemento para elaborar una entretenida y energética película.
Y si alguien considera que Tom Cruise es un exhibicionista en este filme, mi consejo es que regresen a ver la segunda entrega detenidamente y verán que, en contraste, MI3 es un trabajo moderado –ni llega a ser tan espectacular que roza lo ridículo ni es tan frío y de bajo perfil como para pasar desapercibido-. Definitivamente Misión: Imposible 3 resulta un trabajo, que si bien es cierto no supera lo realizado por Brian de Palma y su equipo allá por 1996 con la primera entrega, sin duda alguna representa un notable avance con respecto a la segunda parte, no tanto por su historia, sino más bien porque no intenta ser un trabajo que abusa del exhibicionismo (nótese en MI2 el constante uso de la cámara lenta para resaltar las acrobacias de Cruise); a lo que le puedo añadir, también, la aparición de un villano mucho más impactante –tópico y poco desarrollado, eso sí, pero que gracias a Philip Seymour Hoffman se vuelve un personaje refrescante.
Dicho esto es prudente que el espectador vea a MI3 como lo que es: una pop-corn movie, una película vertiginosa y entretenidísima que promete un viaje entusiasta y cumple. Tiene sus fallas, sin duda, pero es ultimadamente un filme balanceado que no abusa en ningún momento de todos los elementos que la conforman. Buena película.
Publicado originalmente: 13 de mayo de 2006



