sábado 29 de julio de 2006

The lake house

Imagen

Calificación:Imagen

Para algunos espectadores uno de los aspectos que más atrae de esta producción, y el cual mencionaba anteriormente en este espacio, es el reencuentro de sus actores protagónicos, quienes ya habían trabajado en la popular y recomendada cinta titulada Speed (Máxima velocidad). Después de todo, tanto Keanu Reeves como Sandra Bullock hacen una simpática pareja. Esta vez, sin embargo, su relación no se desarrollará bajo ‘situaciones intensas’ (dos extraños que se conocieron en un autobús del transporte público cargado de explosivos, tal como sucedió en su previo encuentro). Al contrario, en esta ocasión las acciones transcurren de una forma pacífica, y, por supuesto, mucho más romántica.

La historia, a grandes rasgos, ‘corre’ más o menos de la siguiente manera: la doctora Kate Forster (Sandra Bullock) –soltera por supuesto- está a punto de abandonar su casa ubicada a la orilla de un lago. A su salida ella deposita en el buzón de correo una nota dirigida al próximo habitante de la misma. Alex (Keanu Reeves), arquitecto, es el que recibe la carta. El detalle –y lo que resulta en el aporte de otorgar cierta frescura a la receta- es que él se encuentra en el año 2004 y ella en el 2006, ambos habitando, en teoría, la misma casa en el mismo momento. Los realizadores no entregan una explicación sobre tal fenómeno (un buzón de correo como portal del tiempo), pero a raíz de tal premisa es que el filme establece sus cimientos, configurando una historia que sin llegar a ser nada excepcional, por lo menos se aleja prudentemente de lo banal en cuanto a su concepto narrativo.

El filme más reciente que se me viene a la mente, y que de alguna forma u otra se asemeja porque la pareja permanece separada durante una gran parte del metraje, es Serendipity (2001), aquella comedia romántica protagonizada por Kate Beckinsale y John Cusack, en donde el ‘destino’ –como fuerza motora del género- reunía a la pareja en contra de las probabilidades. La casa del lago (título en español), por su parte, juega con el ‘destino’ y con las líneas temporales, siendo este último apartado el que más adolece de fallas narrativas. El ‘destino’, al fin y al cabo, ha sido un fiel amigo del romance por siglos. El coqueteo con los ejes temporales, en cambio, acarrea otras consecuencias de plausibilidad y no es tan usual verlo hoy en día en el género (aunque recuerdo a Kate y Leopoldo [2001], la cual también jugó con el viaje en el tiempo).

Pero más allá de las paradojas que surgen al hacer las distintas conexiones de la historia es la ‘química’ entre ambos protagonistas lo que hace del filme una cinta regular. Dejemos a un lado el concepto de una sesión de Chat a través de un buzón de correo físico –en donde si uno se detiene a reflexionar las cartas tienen una extensión de menos de una línea de diálogo para poder mantener las conversaciones que la pareja lleva-. Igual apartemos el casi inevitable hecho del final feliz en películas que desprenden este olor ‘comercial’ –y hasta cursi diría, en donde los realizadores intentan jugar con los giros de la historia pero terminan cediendo abruptamente ante el ‘triunfo del amor’-. La buena compaginación entre ambos actores y los intentos de introducir una pizca de inteligencia sin llegar a insultar son los elementos que opacan los fallos más evidentes de la cinta, confeccionando un trabajo que no se puede alabar mucho pero por lo menos enganchará a más de uno que no es seguidor del género y gustará –me parece- a los que sí son fieles al mismo. No está de más una visita al cine, pero una espera al DVD tampoco hace mal. La reunión de Reeves y Bullock pasa como regular.