miércoles 28 de febrero de 2007

The queen (La reina)

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Incluso antes de que Helen Mirren fuese galardonada como mejor actriz la noche del pasado domingo en el Kodak Theatre, uno podría decir sin temor a equivocarse que The queen posee un fuerte magnetismo –o por lo menos cierta curiosidad– que atrae al espectador por ver la interpretación de la británica más que por tratarse de una historia que involucra a la monarquía y la princesa Diana (es sabido que la gente, en general, tiene cierta atracción por la realeza). Mientras esa sería una aseveración que tiene sólidos fundamentos tanto dentro como fuera de la película –no queda duda del portentoso retrato que Mirren ejecuta, y, por otro lado, sólo basta leer un poco la cobertura de los medios y la crítica para conocer que ella es el centro de atención que envuelve al filme–, yo quisiera acentuar, además, el consistente y punzante guión del también británico Peter Morgan.

La cinta se enfoca principalmente en la semana posterior a la muerte de la princesa Diana, y nos ofrece, progresivamente, un retrato íntimo de lo que probablemente aconteció en el seno de la monarquía durante la escandalosa semana –sobre todo el impacto emocional que dicho suceso tuvo en la reina Isabel II, la cual, arraigada por la tradición y el protocolo, tuvo que ceder ante la presión del pueblo y mostrar sus sentimientos y tributo hacia Lady Di–. Sin ser una crónica ni un referente histórico, The queen logra examinar vívidamente un aspecto poco explorado por el celuloide: el lado humano de la reina. El guionista se auxilia, en varios tramos, de la especulación –pues pocos conocen cómo es la vida y actuar cotidiano dentro de los palacios y propiedades reales–, no sin algún tipo de fundamento claro está –las notas de producción indican que fuentes cercanas asesoraron algunos detalles–, pero no es fácil saber cómo se comporta la reina cuando realiza actividades tan corrientes y cotidianas como ver televisión en su cuarto o pedir una taza de café.

La atención al detalle es minimalista, desde las lámparas que iluminan tenuemente las habitaciones hasta la impersonificación majestuosa y faraónica de Helen Mirren (la gesticulación, el caminado, los silencios, etcétera). El guión es capaz, además, de incluir un humor cándido y mordaz que contrasta la tradición (Isabel II) con el modernismo (Tony Blair). Tómese como ejemplo la escena en que Blair se reune con la reina por primera vez (primeros minutos del metraje), una escena que representa el emblema de uno de los planteamientos claves del guionista. Además nótese, por ejemplo, la primera parte de la secuencia: esa en que Tony y Cherie Blair son guiados por un mayordomo que les explica el protocolo a seguir ante la presencia de la reina (–¿Presencia?, pregunta Blair entre asombrado e irónico. –Sí señor, así es como se le llama cuando se encuentra ante la compañía de su majestad, responde el mayordomo).

Morgan logra alejarse prudentemente de cualquier controversia que involucre los culpables de la muerte de la princesa –no se trata de un filme policiaco–, al igual que se mantiene al margen de los tintes políticos; es el retrato íntimo de la reina y su duelo con el primer ministro (tradición versus modernismo, en el ámbito emocional diría yo) el fundamento de toda la propuesta; pero interesante es, por ejemplo, la confección del personaje de Blair, el cual experimenta una paradoja al querer introducir aires de modernismo pero termina preso de los formalismos que azotan a la reina. Pero la indiscutible protagonista es Mirren, la cual es sencillamente gratificante poder presenciar y admirar (–¿Presenciar?, me preguntaran. –Bueno, después de todo, ella es su majestad). La sinergia que existe entre la líneas de diálogo tan certeras del guión (incisivas y con envidiable economía narrativa) junto con la interpretación de la británica dan un resultado, como mínimo, imponente.

Precioso como el director retrata la soledad y aislamiento de la reina con un plano general de la campiña en donde yace una monarca agobiada, junto a un río, por sus demonios internos. Muy buena película.


P.D. El otro miércoles les traigo la conclusión de la entrevista a Studio C y el comentario de Children of men, del mexicano Alfonso Cuarón y nominada al Oscar por la mejor fotografía, edición y guión adaptado. Nos vemos la próxima semana.


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Comentarios

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Autor: Viviana
Fecha: miércoles 02 de mayo de 2007
Hora: 2:02

Me gustó mucho el film "La Reina". Especialmente aquella escena en donde ella se encuentra sola, aguardando que la vengan a buscar, luego que su automóvil se echo a perder. Su mirada al ciervo, de alguna manera me reflejó que ella también es cierva de su destino real, que no puede escapar a esa herencia de por vida y la de sus próximos descendientes. Y también me llamó poderosamente la atención aquel momento en el cual ella visita al ciervo muerto, como se da el tiempo para saber de él, en circunstancias que no había sido capaz de hacer lo mismo por su nuera Diana. Como si un animal tocara más su corazón que una persona humana. Eso me dolió, porque igual ella era imperfecta como todos nosotros. Un bello trabajo el del director Frears, irónico, contra lo establecido. Excelente ritmo también, nunca cansa y sin embargo, todo es lento, flemático, contenido, como los ingleses. Gracias por tu blog, Viviana de Chile.
Autor: NOF
Fecha: miércoles 02 de mayo de 2007
Hora: 2:54

Gracias por visitar mi blog Viviana. Abrazos desde El Salvador.
Autor: Invitado
Fecha: lunes 27 de agosto de 2007
Hora: 6:42

Excelente película. La actuación magistral de Helen Mirren protagonizando a Isabel II de Inglaterra, además del maquillaje y la vestimenta, logró hacerme pensar en algunas escenas que estaba viendo a la mismisima reina. Totalmente deacuerdo con Viviana en cuanto a los sentimientos experimentados ante la muerte de animalito y la de la madre del futuro rey, aunque quién sabe que eso realmente fue así.
Autor: Iñaki
Fecha: lunes 27 de agosto de 2007
Hora: 19:36

Buenísima película para documentar un hecho histórico en la sociedad británica. Saludos desde Euskadi.