miércoles 28 de marzo de 2007

El último rey de Escocia

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Si hay una cosa por la que este filme sobresale es sin duda por sus actuaciones. Forest Withaker, quien ganó la estatuilla de la Academia por esta interpretación del dictador ugandés Idi Amin, lo hace bien. James McAvoy (mejor conocido por estos rumbos como el fauno en Crónicas de Narnia), si bien no diría que lo hace mejor que su colega, sí me parece que se encuentra equilibrado y comparte un buen nivel con su co-protagonista; ambos otorgando interpretaciones que sin ellas, indudablemente, El último rey de Escocia fuese llanamente catalogada como una película regular. Uno puede argumentar perfectamente que, más que otro elemento de la propuesta, la cinta es, sobre todo, una película de actores.

Los conflictos africanos están representando un tema recurrente en la cinematografía estadounidense –recientemente se estrenó Diamante de sangre en nuestra cartelera, y, meses atrás, tuvimos a El jardinero fiel, El amo de la guerra y Hotel Rwanda–. Pero El último rey de Escocia, al igual que un par de las cintas que ya mencioné, sólo utiliza el panorama africano como telón de fondo –no esperaba lo contrario la verdad, y sugiero que el potencial espectador haga lo mismo–. Su fuerte es, a juzgar por lo visto en pantalla, examinar (irónicamente) a este doctor escocés recién graduado que llega a tierras ugandesas con ganas de “marcar una diferencia”, y, a su vez, divertirse jugando el papel del “blanco que comparte con los nativos”. En síntesis, un joven despreocupado e ingenuo que se topa con un cruel muro de contensión regido por el déspota Idi Amin.

Aunque los carteles de cine y los medios otorgan el protagonismo a Whitaker, el filme descansa firmemente sobre el personaje del doctor escocés. Whitaker es, diría yo, un actor de reparto (no actor protagónico, como se le ha encasillado en la categoría que ganó el pasado 25 de febrero). El verdadero protagonista, en papel y en interpretación, es James McAvoy, no Withaker. Y este actor emergente lo hace bastante bien. Todos sus matices y su transformación progresiva son sin duda los que sostienen este filme, el cual, si bien es cierto utiliza el personaje del escocés para retratar la figura de Amin (se presume que esa fue la motivación principal para escribir la novela en la que está basada la cinta, y, por consiguiente, uno de los objetivos principales de los realizadores a la hora de hacer el filme), nunca se compromete verdaderamente a una exploración intimista del dictador. Y en la faceta superficial, diría, sólo logra unos cuantos aciertos.

No se malinterprete lo que digo. Me parece que Forest Withaker hace un buen trabajo interpretativo, pero es su colega el que lleva el mayor peso narrativo de la historia, y, como he dicho, lo hace bastante bien, por lo que su interpretación y su personaje adquieren una dimensión mucho más llamativa que la de Whitaker con su dictador (este último limitándose a mostrar una faceta más de réplica física que intimista). Lo que sí es de objetar, por otro lado, es que la cinta cuenta con una estructura demasiado convencional; no hay en ella los elementos suficientes que la vuelvan una propuesta fresca y con algunas novedades que mostrar. Gran parte del fallo creo que recae en un guión un tanto flojo; Kevin MacDonald (director), por su parte, me parece que anda por buenos rumbos en esto de la dirección, luego de haber filmado el semi-documental Touching the void (Tocando el vacío).

En general The last king of Scotland (título en inglés) no es un trabajo del todo desestimable (como podría aparentar mi calificación). Que esté basada en hechos reales –y parte ficticios–, como ya he dicho en reiteradas ocasiones, no es garantía de nada. Lo que verdaderamente eleva su calidad son sus actores, y yo, sinceramente, me quedo con la buena interpretación de James McAvoy. El resto del asunto, aunque irregular, no le caerá mal a nadie –o por lo menos eso creo–.


P.D. La próxima semana repito con dos nuevos comentarios. El primero será sobre Little Miss Sunshine, una de las oscarizadas en la pasada edición del famoso premio y parte de mi lista de las diez mejores películas del año pasado, y el otro, si todo sale acorde a lo que los periódicos locales han publicado hasta el momento, va para la de los espartanos: 300. Nos vemos luego.


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