En búsqueda de la felicidad
Calificación:
Otro caso en punto. En mi comentario sobre El último rey de Escocia (publicado también el día de hoy) señalo que la principal fuerza del filme son las interpretaciones; que a pesar de contar con una estructura un poco gastada, los actores elevan considerablemente el resultado final. En este caso, me parece, sucede lo mismo. De entrada la sinopsis de un tipo pobre que enfrenta serias adversidades y sale victorioso gracias a su perseverancia, tal como ocurre en esta cinta protagonizada por Will Smith, no parece ser muy alentadora, considerando que es una fórmula muy utilizada en el cine estadounidense –dos de los ejemplos más recientes son Rocky Balboa y Cinderella man (El luchador)–. Sin embargo, gracias al buen oficio del actor, En búsqueda de la felicidad sale con la frente en alto en lo que, de lo contrario, no pasaría de ser un ameno telefilme para algún canal de cable.
Lo dicho: la historia es sobre un hombre que lo pierde literalmente todo; su casa, su dinero, su ropa, su mujer, etcétera. No pierde nunca, sin embargo, ese instinto de supervivencia que lo mantiene vivo para proteger a su pequeño hijo de cinco años (un Jaden Smith que, en la vida real, es el hijo del actor). Al igual que El último rey de Escocia el filme está basado en hechos reales –combinados, por supuesto, con varios tramos de ficción con fines artísticos–. De esa manera se gesta una película cuyo logro principal es desmenuzar mediante la desgracias que vive el personaje –tal vez un poco excesivas por su contínua ocurrencia– el espíritu de supervivencia de un hombre al borde del vacío.
Aunque me parece una buena película a pesar de su convencionalismo, me quejo, no obstante, por dos cosas. Primero, porque los realizadores le imprimen sutilmente un toque patriótico estadounidense innecesario (el plano en contrapicado de la bandera norteamericana cuando Smith entra al edificio de Dean Witter es un claro ejemplo de ello). Si bien esto que señalo puede generar un sin fin de discusiones sobre el cine de Hollywood (sí, lo sé, es Hollywood), haberse enfocado únicamente en la temática universal que plantea hubiese sido lo más apropiado. No es que la cinta esté empapada de este tipo de situaciones, pero no dejan de resultar quisquillosas y que para algunos espectadores, de seguro, les resultarán incómodas.
Lo otro es que el guión le otorga demasiado tiempo en escena a un personaje poco trabajado y definitivamente mal introducido. Me refiero, en este caso, a la esposa de Chris, interpretada por Thandie Newton. El de ella es un personaje que ingresa al relato con demasiada fuerza interpretativa, lo que hace que su intervención choque fuertemente con el ímpetu que va generando la historia (el nudo o el conflicto principal del protagonista se va desarrollando poco o poco, mientras que ella, en los primeros minutos, llega con una intensidad fuera de lugar).
Ahora bien, dejando a un lado lo de los tintes patrióticos del ‘sueño americano’ que por ahí se introducen y lo convencional de la historia en su forma de contarla, lo que sí vale la pena experimentar, me parece, es la empatía que logra transmitir Will Smith con su interpretación. El actor, junto con su hijo, logran conmover sobremanera por las adversidades que enfrentan (hay una escena desgarradora que ocurre en un baño público del metro que retrata a la perfección lo dicho). A los realizadores se les agradece, por su parte, introducir guiños como ese símbolo iconográfico de la máquina que escanea la densidad de los huesos, la cual, presente en todo el filme, representa todo lo que un hombre puede poseer (materialmente) y en la cual se pueden depositar los más íntimos anhelos. La resonancia que adquiere el objeto durante todo el filme, creo yo, es invaluable en términos narrativos (ojo, además, con el contraste que uno de los personajes hace al incio de la cinta, señalándola no como un equipo médico sino como una máquina del tiempo; y el recurso se repite avanzado el metraje).
The pursuit of happyness (título en inglés) podrá ofrecer muy poco en términos cinematográficos, pero Will Smith construye un personaje grato y llevadero que sin abusar del recurso lacrimógeno y con un buen temple, nos entrega una digna interpretación. Buena película.
P.D. La próxima semana repito con dos nuevos comentarios. El primero será sobre Little Miss Sunshine, una de las oscarizadas en la pasada edición del famoso premio y parte de mi lista de las diez mejores películas del año pasado, y el otro, si todo sale acorde a lo que los periódicos locales han publicado hasta el momento, va para la de los espartanos: 300. Nos vemos luego.



