miércoles 04 de abril de 2007

300

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Que mil espartanos caigan sobre mí con todo y flechas, lanzas y escudos, pero lo dicho por este servidor es que, con todo y todo, 300 no es más que una película regular. Sus imágenes más bellas –que casualmente son las mismas que se pueden ver en los cortos– no la salvan. Lo que debo agradecer, sin duda, es que el filme me da la oportunidad de escribir una sinopsis en unas cuantas líneas –debido a lo directo que resulta la propuesta–, lo que me deja, en este caso, suficiente espacio para poder aclarar mis apreciaciones. Sin más ni más aquí les va la sinopsis (la mía, por lo menos): 300 espartanos contra un millón de persas; valor, honor, temple, estrategia, un poco de política y unos cuantos litros de sangre –no le voy a dar tanta vuelta al asunto–.

Vamos al grano entonces. Los dos principales problemas de 300 son, sencillamente, su estructura narrativa y su focalización. Me explico: el lector de seguro ya está familiarizado con el concepto de la narración en tres actos –el modelo básico por excelencia desde Aristóteles y su Poética, aunque algunos escolares hoy en día lo señalan como un modelo de cuatro actos–; en él la narración fluye, primero, con el planteamiento (primer acto), nudo (segundo) y desenlace (tercero). Digamos que para fines estrictamente prácticos de este comentario a 300, en síntesis, le falta desarrollar contundentemente todo un acto: el segundo, que es cuando como espectadores debemos apreciar con entusiasmo toda la valentía de estos espartanos, desde su batalla inicial, las complicaciones que surgen por la desigualdad de hombres, y, finalmente, el acto de heroísmo decisivo que engrandece sus hazañas.

Algunos escolares y teóricos del cine, como he mencionado, han descubierto que el segundo acto es realmente dos actos en uno. Lo que nos interesa aquí, para simplificar las cosas, es que en este segundo acto existe un clímax que usualmente es el mismo que el clímax total del filme; ese sería, en este caso particular, cuando el grupo de espartanos hacen su última gran hazaña ante el inminente poder del enemigo; y ese clímax tiene que estar precedido, como mínimo, de los suficientes elementos que nos hagan percibir que estos guerreros han luchado y sudado hasta la última gota. Lástimosamente –y aquí entra en juego el segundo problema que señalé– no sucede así. El segundo acto, en pocas palabras, es anticlimático. Eso, definitivamente, es terrible para la estructura de un guión.

Como he mencionado aquí entra en juego la focalización (el segundo principal problema del filme), la cual es, en palabras sencillas, la elección que hace el guionista sobre el punto de vista bajo el que se contará la historia. Es decir, desde el punto de vista de quién se nos informará lo que sucede en pantalla. No nos interesa aquí el tipo de focalización que se emplea (cero, interna o externa), sino el hecho de que existe un narrador que a través del recurso voice over desempeña dicha tarea. Y más que la decisión de incluirlo como tal, el mayor daño que realiza esta figura (quien también es un personaje del filme) es su manera inoportuna de interrumpir el relato visual de la cinta. En más de una ocasión es el encargado de romper el flujo de las contiendas que, de otra manera, serían las que hubiesen construído ese correcto clímax del segundo acto que mencionaba anteriormente.

Los realizadores, para mantenerse lo más fiel posible a la novela gráfica de Frank Miller, decidieron que era prudente incluir la prosa existente en el material impreso. Este narrador, con sus intervenciones, es el recurso que utilizan los guionistas para dicho cometido. Lo fatídico del asunto es que, más que un bien, realizan un mal. Lo vuelvo a repetir: dichas intervenciones hasta poéticas rompen cruelmente con el flujo de las batallas, las cuales, poco a poco, son las que deberían de construir ese momento heróico final, ese mismo en que Leónidas se arrodilla y da la orden a sus soldados; ese en que los espartanos dan su último respiro, y, antes de caer, nos deberían de transmitir correctamente el coraje y valentía que tuvieron. El narrador, lastimosamente, es el culpable de que ese momento no se confeccione adecuadamente y que, en cambio, sea brusco y apresurado, haciéndole falta al filme, sin duda, una secuencia de batalla intensa –sin interrupciones– en donde se desarrollase aún más ese heroísmo y valor, los cuales representan, indudablemente, la piedra angular de la cinta.

Ahora bien, en cuanto a los valores de producción no voy a negar que la estética visual de 300 tiene sus atractivos, pero como mencioné al inicio casi todos sus momentos más bellos están presentes en los cortos. Las escenas de batalla, si bien tienen un impacto interesante (antes de que las interrumpa el narrador), creo que tal vez existe un pequeño abuso –muy pequeño– de lo que se conoce como ralentización (o ramping, por su término en inglés), la cual consiste en acelerar y disminuir la velocidad de la acción para lograr un determinado efecto. Aún así esos momentos son de lo mejor que tiene el filme para ofrecer –por el momentum que generan–. Lo que sí es de destacar, en el ámbito interpretativo, es el trabajo de Gerard Butler; su presencia en escena es simplemente imponente. Aunque este no es un filme de personajes, el suyo transmite en la medida justa ese temple de liderazgo y frialdad que demanda el guión. El resto del reparto, sencillamente, está correcto –sin mayores sobresaltos–.

Si hay algo que 300 ha demostrado sin lugar a dudas es el hecho de abaratar los costos de producción para una película de tales proporciones (unos reducidos 60 millones de dólares en este caso). Si de adaptar una novela gráfica a celuloide se trata, el filme hace un excelente trabajo, pero ya como película adolece de una estructura contundente. Si ese segundo acto hubiese sido mejor desarrollado, mostrando las secuencias con un ritmo in crescendo (en crecimiento), el resultado, me parece, hubiese sido espectacular. Ignoro si esta versión teatral es la versión del director, pero de no ser así, espero que si la distribuyen en un futuro (así como muchos dicen que sucedió con el corte del director de Kingdom of heaven) el producto mejore considerablemente, porque, para ser honesto, me parece que todo el proyecto tiene un potencial dramático enorme. Mala no es, pero yo me iré olvidando de los espartanos y me trasladaré de hemisferio porque los mayas, de la mano de Gibson, arriban al país el día de mañana. Ojalá que no me ofrezcan como tributo a los dioses.

P.D. La próxima semana les traigo el comentario de Dreamgirls y Apocalypto. Hasta pronto.


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Comentarios

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Autor: Pambazo
Fecha: viernes 13 de abril de 2007
Hora: 13:06

Por fin, alguien que me da la razón en que esta película no haya logrado llamarme la atención ni en los cortos y por eso no la fui a ver. No todo lo que brilla es oro dice el dicho.
Autor: Back Door Man
Fecha: lunes 16 de abril de 2007
Hora: 14:06

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