Apocalypto
Calificación:
La semana antepasada –si leyeron mi comentario de 300– hice la broma de que ojalá que los mayas no me ofrecieran como tributo a los dioses –con motivo de su llegada a la cartelera local y sin saber lo que me esperaba específicamente en pantalla–. Dichos rituales expuestos en este filme del australiano Mel Gibson, en donde vemos explícitamente como arrancan corazones y cabezas, definitivamente no son algo que aspiro a presenciar (en vivo) ni mucho menos que me sucedan a mí o a los míos. Gibson no titubea a la hora de mostrar escenas con fuerte contenido violento, y como si de La pasión de Cristo se tratara, la sangre también adquiere cierto protagonismo en este retrato de un individuo que busca regresar con su familia y los suyos luego de ser capturado. Violenta, sin duda; con un ritmo vertiginoso y energético, también.
Independientemente de la controversia que genera Gibson con su vida personal y con algunas decisiones artísticas que ejecuta a la hora de rodar sus filmes, es innegable el hecho de que este señor ocupa un tratamiento encomiable del lenguaje visual. Aunque en este caso no sucede con la misma intensidad y maestría que en su trabajo previo, en Apocalypto logra confeccionar un filme que es un ejemplo perfecto de que un concepto narrativo convencional puede lograrse utilizando cualquier escenario; porque lo que Gibson ha rodado, en escencia, es un filme de acción y persecución, no sobre los mayas. Estar ambientada en dicha época no significa que la espina dorsal de la película sea un análisis de dicha cultura. Lo que hace Gibson –en otras palabras– es cocinar el mismo platillo pero con sazonadores distintos, y su tratamiento del lenguaje visual, como he dicho, es lo que verdaderamente marca la diferencia –al igual que el depurado ritmo cinematográfico que maneja–.
Es así entonces que la película se construye con base a una serie bien definida de segmentos. Primero, la muestra de la aldea y de los personajes más relevantes –es en este apartado en donde se desarrolla la conexión emocional con el personaje principal–. Segundo, la captura de varios integrantes del pueblo y su viaje como cautivos a la ciudad principal –en donde serán vendidos como esclavos u ofrecidos como tributo a los dioses–. Y tercero, orquestrado como una secuencia de casi 40 minutos, el viaje y persecución de regreso, en donde el principal (Jaguar Paw) logra escapar de sus captores y se embarca en un intenso viaje para proteger a los suyos.
Así, Gibson logra construir una cinta entretenida y energética que se nutre fuertemente de los elementos visuales que la conforman (en donde el departamento de diseño artístico crea unos decorados que se contrastan con buen tino para la gestación de una atmósfera bella e intrigante), pues a pesar de lo simplista que resulta la historia de persecución en términos narrativos, es el cambio de escenario lo que le provee mucha frescura al producto –no es lo mismo ver a un Jaguar Paw moderno siendo perseguido en Nueva York y sus rascacielos que verlo correr y escapar por las selvas y pirámides mayas–. Al australiano se le puede objetar, sin embargo, dos cosas. Primero, un irregular resultado de su planteamiento inicial; y, segundo, un retrato demasiado salvaje de la sociedad maya.
En cuanto a lo primero, con los títulos que vemos en los primeros minutos del filme, el director intenta posicionarnos una vertiente primordial que desprende su planteamiento –y que él mismo en sus declaraciones ha dicho que tiene paralelismos con la situación actual–. Cuando se nos dice que “toda civilización no es conquistada desde afuera hasta que se ha roto por dentro”, Gibson trata de comunicarnos que una variedad de síntomas –como la corrupción política, por poner un ejemplo– son responsables de la destrucción de las sociedades. A pesar que Apocalypto no es un ensayo sobre el porqué se diluyó un imperio tan poderoso como el maya, dichos guiños infieren, por lo menos, que el filme explorará –aunque sea ligeramente– tales síntomas. Al escudriñar en el resultado, sin embargo, apenas hay rastros de dichos elementos. El planteamiento inicial, en este caso, sólo se encarga de desarrollar la conexión emocional con el principal y su gente, dejando a un lado el correcto establecimiento del porqué la sociedad maya está en crisis. Es decir, el contexto histórico que utiliza la película –aunque sea en cierto modo especulativo–. Como el inicio es el apartado en que mejor pudo haber quedado expuesto dicho contexto –pues el resto de la cinta es más que todo un viaje intenso de ida y vuelta–, la película se queda corta en desarrollar y profundizar esas líneas iniciales con la que nos da la bienvenida.
Como no logra salir airosa en ese cometido, el retrato de los mayas da la impresión de ser demasiado primitivo –pues no hay un sólido contexto que lo soporte–, restándole abruptamente todos los grandes atributos que poseían y dibujándolos, en cierto modo, como meras tribus salvajes que despilfarran sus tendencias violentas. A pesar de ello, me parece, el cometido global –que es ejecutar un filme de acción, aventura y persecución– queda bien logrado. Aunque muchas de las prácticas y rituales que aparecen en pantalla tienen fundamento histórico, no hubiese sido dañino que Gibson le rindiera una especie de escena tributo a los grandes logros de dicha civilización, con ánimos de balancear un poco la cosa.
Apocalypto, aún así, es un buen filme; bien construído y capaz de crear una conexión emocional con el principal y su gente que es vital para seguir las peripecias del mismo –es de mi agrado particular la forma en que muchos planos capturan de forma genuina el sufrimiento y dolor que experimentan los aldeanos cuando son invadidos, creando unos lazos afectivos con el espectador invaluables para la narración posterior–. Gibson vuelve a mostrar que su fuerte, sin duda, es el dominio del lenguaje universal de las imágenes y crea, con buen ritmo, un filme frenético y entretenido. Buena película.
P.D. En los próximos días me traslado al mundo de la animación por computadora y les traigo el comentario de lo nuevo de Disney: La familia del futuro. Saludos.
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