Una noche en el museo
Calificación:
El argumento es simple y va más o menos así: un padre sin empleo busca ansiosamente demostrarle a su hijo que puede salir adelante ante las adversidades que atraviesa (en otras palabras, ser un ejemplo para el pequeño). De pronto, gracias a una entrevista de trabajo fallida, se encuentra aplicando para desempeñar el crucial trabajo de guardia de seguridad nocturno en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Como podrán entrever por los avances de cine (pues no es ningún secreto), todas las criaturas, misteriosamente, cobran vida durante las noches. Al caer el primer rayo de sol, sin embargo, todo vuelve a la normalidad. “No dejes que nadie entre ni salga del museo”, le dice el jefe de seguridad a Larry (Ben Stiller), un guardia veterano que sólo le entrega las llaves del museo, una linterna, el uniforme y un documento con las “intrucciones” a seguir. “Ahí está todo… sólo tienes que seguir las instrucciones”, recalca, como si de un juego a lo Jumanji se tratara. Así inicia la aventura del museo: con buen ritmo, con una sutil y adecuada introducción de los personajes, con un establecimiento decente de la necesidad dramática del protagonista y con una premisa con mucho potencial fantástico.
El problema viene luego de que la primera criatura ha cobrado vida –un esqueleto de tiranosaurio que debería concursar para salir en Animal Planet–, ya que el buen ímpetu que había generado hasta el momento va decayendo progresivamente, cuando se supone que debería ir en ascenso y hacernos reír y gozar de la aventura; pero cuando todo el museo se encuentra alborotado por los disparates que hacen los hombres de las cavernas, Atila el huno y las tropas romanas, el espectador se comenzará a percatar que la experiencia no será tan divertida como se creía. Y las razones son sencillas: primero, las situaciones no son tan hilarantes; y, segundo, el relato no les da mayores motivaciones y propósitos a las criaturas del museo como para identificarse con alguna de ellas, por lo que los correríos que hace el guardia de seguridad de un lado a otro son sólo eso, correríos sin mayor sentido.
Me explico: una gran parte del metraje transcurre cuando todas las criaturas están vivas. Para esos momentos sabemos que lo que Larry desea es ser un ejemplo excepcional para su hijo. Mientras anda corriendo por todos los pasillos su necesidad dramática es poco desarrollada (ni siquiera el hijo se encuentra presente en escena), por lo que el peso recae en las criaturas. Es cierto, los efectos visuales quedan bien logrados, pero todas esas secuencias no pasan de ser una experiencia visual hueca; es decir, sin un trasfondo o desarrollo de personajes secundarios. Son sólo animalitos y un guardia corriendo de arriba para abajo, nada más –porque tampoco son secuencias, me parece, con una dosis de humor de buen nivel–. Los guionistas intentan darle un poco de matiz a la dinámica con el personaje de Robin Williams (quien interpreta al presidente Teddy Roosevelt), otorgándole un interés amoroso que genera una débil pero entretenida subtrama. Es así que ese personaje ya no es sólo una estatua sin sentido que anda a caballo con su espada, sino que se le otorga una dimensión emocional interesante.
Eso es precisamente lo que tuvo que haberse esparcido a otros personajes para que la experiencia no se sintiera vacía. La pelea infantil y sin sentido entre el vaquero y el soldado romano es tonta, los lloriqueos de Atila el huno son totalmente olvidables, el mono que roba las llaves no pasa de ahí… y así sucesivamente. El resto de la mezcla –que incluye una subtrama amorosa entre el guardia y una empleada del museo, el misterio de los ex-guardias de seguridad y sus propósitos y la respectiva conclusión entre padre e hijo– es marginalmente satisfactoria. Pero repito, una considerable parte del metraje ocurre cuando Larry (sin la presencia de su hijo) anda de arriba para abajo en el museo, y como las criaturas sólo están para entretener visualmente (a excepción de la que ya mencioné), la experiencia se vuelve hueca.
Técnicamente está bien lograda. Es de mi agrado particular la composición de los planos durante la presentación del museo y el establecimiento de la desaparición del tiranosaurio (la función descriptiva de los mismos otorgan un sentido muy bueno de la acción a ocurrir). La plática en el parque entre padre e hijo, por otro lado, cuenta con un uso certero de la partitura musical –otro de los detalles que fueron de mi agrado–, pero en general no pasa de ser un trabajo regular. Night at the museum (por su título en inglés) tuvo su estreno oficial en DVD el pasado 24 de abril y ya se encuentra diponible para alquiler.
P.D. Esta vez, para cambiar la dinámica un poco, dejo como sorpresa los títulos a comentar el próximo miércoles. Saludos especiales a todos los chilenos que visitan este blog, les prometo que comentaré lo más pronto que pueda una película que ha llegado a mis manos llamada Mujeres infieles. Aunque para ustedes ya es vieja, me parece, quiero ver un poco de cine latino por estos días. Saludos.
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