Una loca película épica
Calificación:
“Sentí que mi coeficiente intelectual bajó al ver esta película”, asegura Kim, un cibernauta que participa en un foro de opinión sobre comentarios de películas y al que escogí luego de una búsqueda aleatoria en Google. Creo que Kim, con su peculiar frase, captura lo que se podría considerar como la sensación general que deja el filme –o por lo menos da una idea bastante panorámica de las atrocidades que uno encontrará al enfrentarse a tan espantoso trabajo–. Una loca película épica (Epic movie), en otras palabras, es un desperdicio monumental de tiempo y dinero (por si la ven en cines). Jueguen capirucho, vayan a cortar mangos de los palos o limpien el teclado de su computadora, les aseguro que se divertirán mucho más.
Debo aclarar que la versión que yo vi es la catalogada como “sin censura” (unrated), la cual cuenta con siete minutos adicionales –según datos de la IMDB– y sin la omisión de palabras como “fuck”, la cual se repite constantemente a lo largo del metraje. La versión que se exhibe en cines está un poco maquillada para cumplir con las regulaciones de la MPAA (Motion Picture Association of America) para la calificación de PG-13 (mayores de 15 años), por lo que el lector probablemente verá (o ha visto) una versión ligeramente diferente a la que yo presencié. Dudo mucho que existan mayores cambios entre versiones, pues considero que el título “sin censura” va más enfocado al lenguaje profano que a la inclusión de nuevas escenas.
En fin, lo que el potencial espectador encontrará en este trabajo que se presenta bajo la siguiente credencial: “de dos de los seis escritores de Scary movie” (como si fuese algo alentador después de tantas secuelas tontas y refritos de la saga), es un producto empaquetado con los gags más estúpidos (disculpen la palabra) que he visto. Hasta me atrevería a decir que después de los primeros cinco minutos de la cinta muchos –si no es que todos– sentirán una gradual sensación de incomodidad y ansiedad por tan atroz introducción –y no digamos lo absurdo que sigue durante los siguientes 85 minutos–.
Al igual que sus predecesoras, este tipo de películas cuenta con dos problemas principales. Primero, y lo más importante en estos casos, los chistesitos no son nada graciosos. Es como si por tirarle tomates a un individuo, por ejemplo, se supone que deberíamos reírnos a carcajadas (vamos… los niños de 15 años, mucho menos los adultos, no se van a reír por un tipo que pretende ser Harry Potter y corre como inepto con una capa que supuestamente lo hace invisible). Segundo, los guionistas creen que porque toman prestado los boletos dorados de Charlie y la fábrica de chocolate o la trama casi completa de Crónicas de Narnia (Gnarnia en este caso, porque la ‘G’ es muda), nosotros como espectadores vamos a sentir que hay cierta continuidad en la trama. Al contrario, creo que es evidente que durante muchos pasajes se siente una irregularidad y descontinuidad que definitivamente afecta al relato (sobre todo, creo yo, con la inclusión de esos patéticos números musicales).
Esto no está para ver en cines ni en DVD, tampoco para comprarla pirateada (no vale la pena pagar el dólar). No está, incluso, ni para verla en cable. Una loca película épica es un verdadero desperdicio de tiempo, y, para ser honesto, hay muchas otras maneras de perderlo (más interesantes y verdaderamente divertidas). Tengo entendido que hay un buen número de personas que son seguidoras de estos trabajos supuestamente graciosos, pero en este caso creo que hasta ellas se darán cuenta de lo terrible que resulta la travesía. La media estrella se la doy, sobre todo, por el trabajo del departamento de diseño artístico, vestuario y otros, no porque este filme quedaría perfecto con ninguna estrella.
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