Los piratas del caribe: En el fin del mundo
Calificación:
Hay un dicho por aquí en El Salvador que dice más o menos así: “El que mucho quiere abarcar se termina quedando sin el plato y sin la sopa”. Es decir, termina sin nada en sus manos. Aunque en realidad este tercer capítulo sí logra quedarse con algunos esporádicos aciertos, lo pertinente de la frase que menciono es que Ted Elliot y Terry Rossio (guionistas) estaban tan hambrientos por abarcar una variedad de subtramas y giros de la historia que terminaron creando un producto demasiado irregular y pomposo, lleno de malos chistes y con un deprimente desarrollo de un personaje que se perfilaba muy prometedor: Davy Jones. Supongo que todo se debe a la libertad creativa de confeccionar una película de casi tres horas de duración, lo cual les otorgó mayor margen de maniobra para lidiar con varios elementos narrativos pero que al final todo el tiempo adicional no les sirvió de mucho para solidificar la franquicia.
Si uno piensa en términos de personajes es evidente que la trilogía (hasta el momento) de Los piratas del caribe sólo tiene a tres de ellos que son verdaderamente interesantes y que llevan en sus hombros todo el peso del proyecto. Uno es, obviamente, el capitán Jack Sparrow (sin él, y sobre todo sin Johnny Depp, el valor de mercado de estos filmes fuese irrisorio). El segundo y el tercero son, respectivamente, el capitán Barbossa (Geoffrey Rush) y el híbrido crustáceo Davy Jones (Bill Nighy), pues la dualidad héroe-villano es la que le pone el condimento y especies a estos platillos de entretenimiento. Will y Elizabeth, aunque son protagonistas, sólo son un relleno nada más, son parte de la fórmula. Aunque en estos casos las astucias y peripecias de Sparrow son las que toman mayor protagonismo (suele ser lo que más recuerda el espectador), los villanos son, por excelencia, los encargados de complicarle la existencia al héroe. Conflicto, conflicto, conflicto. Un guión sin conflicto no vale la pena ni un centavo, y en este caso vale la pena mencionar que los villanos han sido dibujados con interesantes historias y motivaciones.
Barbossa fue un personaje atractivo y temible; su deseo de volver a ser humano y sentir nuevamente toda la experiencia carnal que eso conlleva (hambre, sed, el deseo por una mujer, etcétera) fue un punto muy bien desarrollado. Davy Jones, por su parte, es un personaje que esconde una fuerza dramática, creo yo, mucho mayor que la de Barbossa. La historia de un tipo lleno de tentáculos en su rostro, imponente, sin piedad, al cual se le hacen contínuas referencias bíblicas en el segundo capítulo (contrastándolo con Lucifer), pero que esconde a pesar de todo una trágica historia de amor, es sencillamente una de las mejores introducciones de personajes que he visto en un blockbuster (película taquillera).
Si uno vuelve a ver El cofre del hombre muerto (Dead man's chest) se percatará que toda la película da pauta para dos cosas. Una, el rescate del capitán Jack Sparrow luego del enfrentamiento con el Kraken, sin duda la más evidente y la que funciona como gancho (cliffhanger) para el tercer capítulo. Y la otra es el desarrollo del personaje de Davy Jones, pues queda claro que durante toda la segunda entrega lo que los guionistas hicieron fue básicamente introducir al crustáceo.
Pues las dos principales líneas narrativas que viene cargando la trilogía son pobremente desarrolladas en este capítulo. El rescate de Jack, por un lado, ocurre en los primeros treinta minutos del metraje. El famoso ‘fin del mundo’ (y de paso la gran travesía que iba a dirigir el capitán Barbossa) apenas lo vemos en pantalla. Y por otro, cuando al fin sabemos la identidad del amor de Davy Jones y conocemos los detalles de su trágico pasado, los guionistas apenas le dan importancia a lo que ya venían construyendo e intentan rellenar la propuesta con un par de escenas mal hechas para darle una conclusión a esa historia. Se descuidan totalmente del personaje y echan a perder los excelentes recursos que habían empleado para construirlo.
Hermosa es para este servidor, por ejemplo, la métafora del corazón (la cruel representación de la ruptura amorosa); o la sobresaliente partitura musical de Hans Zimmer cuando se utiliza el recurso de la cajita musical, esa que emana los tristes recuerdos de lo que una vez fue. Nótese en este tercer capítulo la poderosa introducción de Davy Jones, quien luego de escuchar la melodía de su amada derrama una lágrima llena de nostalgia y amargura. A partir de ahí, sin embargo, todos los logros que se habían establecido con el personaje se vienen abajo. Su rol esta vez es el de un tripulante más, en donde todo su poder y atmósfera de amenaza se esfuma debido a la pronta y sorpresiva desaparición del Kraken y, además, al soborno de Cutler Beckett (Tom Hollander), quien tiene en su posesión el más preciado bien para Jones: su corazón.
Hay que añadir a eso que, si no es el villano la atracción (pues Cutler Beckett es muy refinado para causar una verdadera impresión de amenaza), Jack Sparrow ha perdido todo el encanto y astucia que lo caracterizó en las primeras dos entregas. Su chistes de una línea (one liners) todos quedan fuera de lugar. Es como si el verdadero momentum de la escena ya hubiese terminado y es hora de pasar al siguiente segmento, pero antes de ello Jack sale con unos comentarios poco graciosos que supuestamente deberían hacer reír al espectador (estoy seguro que más de alguna persona se reirá por inercia, como por compromiso porque le ha gustado el personaje en las otras entregas, pero en el fondo sabrá que lo que dijo el singular pirata no fue gracioso la verdad). Cero astucia, poco carisma y más de lo mismo. En fin, un Jack Sparrow ‘envejecido’ y gastado que sólo es atractivo por los amenos recuerdos del pasado.
Sin Jack al cien por ciento y con un nefasto desarrollo de Davy Jones, Los piratas del caribe: En el fin del mundo tambalea seriamente por las aguas saladas que navega. Barbossa ya no es el enemigo temible que una vez fue, hoy es básicamente amigo y compadre de nuestros héroes. Aunque tiene una considerable participación en el relato, el personaje carece totalmente de un arco dramático (sólo está presente para ayudar a sus colegas como buen samaritano). Will y Elizabeth, como dije, sólo son parte de la fórmula para atraer a las salas de cine cierto nicho de mercado con la participación de dos actores jóvenes y populares; y el resto del reparto y personajes no tienen el porte y carácter suficiente para sacar a flote todos los fallos.
Los guionistas se balancean de un lugar a otro con tanta subtrama (la relación de Will y su padre, Barbossa y compañía frente al consejo, los problemas entre Will y Elizabeth, Elizabeth y Sao Feng en Singapur, Jack Sparrow en el fin del mundo, Davy Jones y Calipso, Cutler Becket y sus planes de dominar los mares, Norrington y Elizabeth, Jack Sparrow y su deuda con Davy Jones, toda la trama de enredos en la cual muchos cambian de bando en un momento u otro, etcétera, etcétera, etcétera), que ultimadamente el asunto se vuelve muy inconstante y –como mencioné en un principio– tratando de abarcar demasiado.
Cuando a pesar de los fallos pongo cierta distancia y traigo a consideración los aspectos positivos de todo el asunto (principalmente en el área técnica y la innegable porción de entretenimiento que entrega) logro visualizar que el filme es regular nada más. En lo personal no me impresionaron los efectos visuales como lo hizo su predecesora (alcancé a percibir en muchos planos un bajón notable en la criatura de Davy Jones, pero probablemente se trate de una mala apreciación). La batalla final es energética y levanta sobremanera los ánimos, pero no es extraordinaria. En fin, entretenimiento hay, de eso no hay duda, pero creo que al hacer un balance general de toda la trilogía En el fin del mundo (At world's end) representa una caída casi estrepitosa en comparación de sus hermanas gemelas (La maldición del Perla Negra y El cofre del hombre muerto). Lo que faltó aquí –porque la aventura siempre está presente– fue la dosis de buen humor que lleva consigo la receta y el potente desarrollo de un villano que prometía mucho. Lástima.
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