Shooter (Tirador)
Calificación:
Durante la primera media hora de Shooter uno está seriamente tentado a pensar que durante los minutos restantes del filme se presenciará una cinta llena de patriotismos al estilo Rambo. Después de todo, en los primeros instantes hay varios discursos patrióticos, de lealtad a la constitución de los Estados Unidos, un intento de asesinato al presidente de dicha nación y más de una docena de tomas a la bandera yanqui (la más llamativa, por su composición, es una en la que el héroe camina hacia nosotros en cámara lenta, con una banda sonora típica del ‘guerrero’ que salvará el día y con una gigantesca bandera estadounidense colgada al fondo). Estuve tentado a dejarme dominar por el prejuicio, lo acepto, pero con el paso del tiempo he aprendido a dominar esos impulsos y a otorgarle el beneficio de la duda a este tipo de filmes (sobre todo cuando apenas van 30 minutos de proyección).
No puedo decir que Shooter es una película totalmente diferente en su enfoque y desarrollo, pero sí cuenta con una dosis de inteligencia e ímpetu que lentamente la van alejando de ese patriotismo inaugural que puede ser un poco desorientador (más que todo para los que somos recelosos con tanto sermón políticamente correcto). Para el agrado de varios la película termina siendo casi lo opuesto a lo que inicialmente se podría percibir. De las intenciones más fieles hacia la patria y la rectitud, el guión nos va desvelando progresivamente una conspiración que expone todos los trapos sucios de algunos políticos involucrados en una operación relacionada con oleoductos en Etiopía, dibujándonos lo que Michael Moore nos ha mostrado en sus más recientes documentales: un sistema de gobierno corrupto, incongruente e hipócrita.
A nivel general, nada nuevo. Ahí tenemos el cliché del ex-militar que perdió a su compañero en una antigua misión y se retiró del servicio militar (el cual es reclutado nuevamente para una última asignación por su gran habilidad –en este caso un mortal francotirador–). Lo de la corrupción política, por otro lado, no es para saltar del asiento de la sorpresa. Y lo de las falsas acusaciones, en donde el protagonista es acusado de algo que no hizo, pues ni hablar.
Pero hay cuatro cosas que hacen que el filme tenga un apelativo marginal en comparación de otras similares. La primera es la actuación de Mark Wahlberg. Sin ser una de las mejores de su carrera ni del género, Mark es un actor que tiene una mejor habilidad interpretativa que un Stallone o un Schwarzenegger cuando interpretaron este tipo de papeles. La segunda, que va siempre alineada con las actuaciones, es que Danny Glover nos regala una encarnación de un villano que cumple lo que supuestamente un villano debería generar en el espectador (por lo menos a nivel general): que lo odiemos. Su personaje no es originalmente elaborado desde el guión pero sí tiene un impacto bastante notable gracias a la habilidad del actor (algo así como Julianne Moore lo hace en la reciente de Nicolas Cage, Next, que a pesar de interpretar el arquetipo del agente del FBI, la actriz le provee carácter con su interpretación).
La tercera va enfocada al cinismo e ironía del guión. Hay varias líneas de diálogo que son bastante buenas. Un ejemplo es cuando el protagonista y el antagonista necesitan lo que el otro tiene. El héroe está dispuesto a colaborar y a realizar el intercambio pero siempre y cuando haya una persona en la que pueda confiar. “¿A quién tienes en mente?”, le dice el coronel interpretado por Glover. “Que tal el tipo de U2, el que ocupa lentes; él se ve de confianza”, le responde Wahlberg bastante convencido. “Bono. ¿Quieres que te consiga a Bono?”, le dice su compañero que está escuchando la conversación.
Y la cuarta es el competente trabajo que realiza Antoine Fuqua (director) para elaborar las secuencias de acción –y en general el buen ritmo del filme–. Ya ha demostrado su buen oficio en Lágrimas del sol (Tears of the sun) y Día de entrenamiento (Training day). De esa manera, la cinta se va desenvolviendo por terrenos ya conocidos pero de una manera bastante entretenida. Nada excepcional pero al final de cuentas es un filme que se deja ver sin tanto remordimiento.
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