Rosario Tijeras
Calificación:
Antonio (Unax Ugalde) abre la puerta de un hospital ensangrentado hasta el rostro y con una mujer en sus brazos. Los doctores, al ver la gravedad del asunto, rápidamente llevan a la mujer a la sala de operación. En la sala de espera, momentos después, una empleada le pregunta al joven: “¿Cuál es el nombre de la chica?”; “Rosario”, le responde pausadamente; “¿Y el apellido?”, continúa la empleada; “Tijeras… Rosario Tijeras”, contesta Antonio un poco desorientado. La sala, de pronto, es inundada por el silencio y la consternación. Luego de un par de segundos, como si de una broma se tratase, la empleada le contesta: “Ese no es un apellido. ¿Cuál es el apellido de la chica?”; “No sé… no sé”, responde finalmente el joven, ya sin fuerzas para mantenerse en pie y destrozado por el trágico hecho.
Esa escena, que ocurre a los dos o tres minutos de haber iniciado el filme, me dijo dos cosas. Una, que la historia será una tragedia. Y la otra, que el personaje involucrado con la chica apenas la conoce. Minutos después, luego que ya conocemos mediante un flashback (regreso en el tiempo) a Emilio (Manolo Cardona), el mejor amigo de Antonio, la escena cronológicamente posterior a la que aquí he narrado nos dice lo siguiente mediante una llamada telefónica: “Emilio… ya no importa lo que pasó entre nosotros dos. Ahora lo que importa es ella”. Al otro lado de la línea, sin embargo, sólo la contestadora trabaja grabando el mensaje. Son casi las 3:30 de la madrugrada.
He visto varias historias que terminan en tragedia debido a un triángulo amoroso, sin embargo, no me molestó en lo absoluto el planteamiento de Rosario Tijeras, película colombiana que llegó silenciosamente hace un par de semanas a las salas de cine local y así se fue sin mayor presentación y recorrido. Después de todo, cambiar el escenario a Medellín, con los carteles de droga y una voluptuosa y sensual Flora Martínez (Rosario), no pintaba nada mal. Lo que sí me incomodó, a pesar de todo, fue la falta de disciplina en la narración.
El filme es un desorden casi total. El guionista, Marcelo Figueras, no le imprime la suficiente disciplina a su historia para contarla de una manera que, aunque no tiene que ser procesada y puesta en bandeja al espectador, sí tiene que llevar una estructura coherente de modo que, con un poco de esfuerzo y participación podamos irnos conectando con los personajes y sus vivencias. Pero la película se salta de un tiempo a otro sin crear esa conexión con los personajes tan necesaria para ir siguiendo sus respectivas historias y puntos de vista. Es más, hay momentos en que es difícil saber en que parte de la historia nos encontramos, pues pareciera que seguimos en un flashback pero resulta que de pronto hemos retrocedido aún más cronológicamente. Luego un personaje desaparece por demasiado tiempo, otro lo reemplaza, después el drama se aleja de lo que ya nos había planteado y al rato vuelve a retomarlo… En fin, un desorden narrativo que sólo busca ocultar las flaquezas del guión.
Creo que no estoy equivocado al decir que ni el triángulo amoroso es desarrollado de una manera convincente e impactante, ni la vida de Tijeras es presentada de una forma que verdaderamente cause una impresión dramática genuina. La chica ha sufrido desde su niñez, claro está, y hoy es casi incapaz de amar aunténticamente a otra persona, pero todo ese rollo, gracias a una estructura desordenada y que no hilvana adecuadamente los efectos dramáticos entre una y otra escena, queda vagamente disperso en todo el relato. Varias escenas funcionan aisladamente pero hasta ahí se quedan.
Si yo fuera un director de casting diría que Flora Martínez hace un sólido trabajo en varios tramos del filme y sin duda la consideraría como una opción a tomar en cuenta. Muy buenos, por otro lado, los planos generales de la ciudad de Medellín (la composición de la iluminación y el uso del color me parecieron cautivantes).
Aunque me encantó cada centímetro del cuerpo de Flora, debo decir que el personaje no llega a hacerle verdadera justicia al arquetipo de la femme fatale, y ni es humanizado lo adecuadamente como para simpatizar genuinamente con él. Y de la narración y la falta de una estructura adecuada ni hablar.
Veo en retrospectiva y sigo pensando que aisladamente hay escenas muy buenas (a eso se debe más que todo mi calificación de regular), pero no podría recomendar con entusiasmo una película que a nivel general da la impresión de ser demasiado floja (no por sus valores de producción sino por su calidad narrativa) y en momentos hasta tediosa (con un perceptible abuso del fundido en negro).
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