viernes 29 de junio de 2007

Little children (Juegos secretos)

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Kate Winslet es una actriz que siempre he admirado por su sobresaliente trabajo. Luego del bombazo que resultó ser la oscarizada Titanic (1997), la cual le adjudicó su primera nominación como Mejor Actriz al premio de la Academia, la inglesa se ha caracterizado por su envidiable y refinada elección de personajes en filmes que distan kilómetros de distancia del éxito comercial que tuvo con el ahora fallecido transatlántico, cinta en la que compartió créditos con Leonardo DiCaprio y el director James Cameron. Little children fue un fracaso taquillero –apenas recaudando 5,4 millones de dólares en Estados Unidos en comparación de su presupuesto estimado de 26 millones de dólares–, pero a pesar de ello, el filme significó la cuarta nominación que recibe Winslet como Mejor Actriz.

Mientras que la taquilla no debe ser considerada como un parámetro de calidad, la Academia, por su parte, muestra de vez en cuando aciertos con los nominados y premiados. En esta ocasión, me parece, el reconocimiento es bien merecido. La actriz, que hace el papel de una madre asfixiada por su estilo de vida monótono y su matrimonio al borde del precipicio, demuestra nuevamente el porqué es una de las actrices más consistentes de la última década y, a nivel más personal, una de mis favoritas por sus intrépidas elecciones y su histriónico talento actoral.

Sofocada por su estilo de vida, Sarah (Winslet) conoce a Brad (Patrick Wilson), aspirante a abogado con el cual inicia una aventura extramarital que le provee un necesitado respiro a su hastiada vida. Brad, al igual que Sarah, tiene una vida poco plena. Durante la mayor parte del día ambos llevan a pasear a sus hijos al parque y a la piscina local (lugares que se vuelven cómplices de su aventura), y a pesar de amar a sus criaturas, sus relaciones formales y legítimas con sus cónyuges son un desastre a nivel afectivo. Pero la exploración de personajes y situaciones no sólo abarca a estos dos tórtolos, sino que también se entromete en la vida de otros vecinos de clase media que también cuentan con sus desperfectos.

En ese apartado es, me parece, en donde la cinta patina al grado de casi lesionarse severamente y no volver a las andadas. El filme inicia de una manera provocativa e introspectiva, informándonos a través de un narrador en off acerca de un estudio sobre el comportamiento de las mujeres de los suburbios (desempleadas, amas de casa y en constante cuidado de los niños -por lo menos las de ese vecindario-; mientras que sus esposos, se logra inferir, son los proveedores de sus respectivos hogares). Cuando Sarah se percata que en el caso de Brad es lo contrario (él es el desempleado y su mujer la proveedora), de pronto se genera cierta atracción y curiosidad. Así inicia la aventura extramarital (la cual, creo yo, se desarrolla marginalmente bien durante buena parte del filme), pero cuando la película pone su lupa en la historia de un pederasta y un policía local, el relato se siente como indeciso en darle profundidad a una historia o a la otra, resultando en un desbalance que afecta en gran medida a toda la cinta.

Y es que la historia del pederasta (por muy intensa y respetable que es la actuación de Jackie Earle Haley) a duras penas logra tener sus puntos verdaderamente interesantes. Al igual que la del policía, el cual es un personaje totalmente mal dibujado y que al parecer ni una buena actuación de cualquier actor de renombre lo salvaría. Eso es muy significativo porque estos dos personajes consumen bastante tiempo del metraje y muestran un arco dramático flojo y con una conclusión apresurada que intenta redimirlos. Me parece que el personaje de Ronnie (el pederasta), es perturbador e intrigante, pero los guionistas sólo exploran la mera superficie dramática del mismo, utilizándolo más bien como recordatorio de las hipocresías del vecindario (el cual representa una salida fácil para los vecinos al culparlo y discriminarlo tajantemente), pero nunca logra ser un personaje sólido.

El filme, en general, plantea ideas interesantes, pero su pobre desenlace que intenta justificar el viaje que han experimentado estos personajes deja un malísimo sabor (como si el tiempo de preparación fue insuficiente para poder digerir correctamente la conclusión). La pareja, por ejemplo, no pasa de terrenos ya explorados. Es Winslet, sobre todo, la que le otorga buen porte al asunto.

Hay una escena soberbia que tiene lugar en una piscina pública, al igual que hay excelente material interpretativo en varios pasajes (lo que le da mucha fuerza al fime, aunque sea por momentos), pero la sensación irregular que despide el relato siempre queda luego de la aparición de los créditos finales. Todd Field sin duda es un excelente director de actores y muchos de sus encuadres son exquisitos por sí solos (ver la foto arriba). Con sólo dos largometrajes en su filmografía, Todd es un director que mantiene expectativas positivas para su próximo proyecto, no sólo por los buenos aciertos en esta propuesta, sino por su recomendadísimo trabajo previo: En la habitación (In the bedroom, 2001).

Con todo y sus altibajos Little children es un filme interesante. Lo que sí es cautivante es su avance de cine (por lo menos el que les dejo a continuación), uno de los mejores que he visto en mucho tiempo. Ustedes deciden si verla o no. Ya está disponible en DVD.




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