viernes 06 de julio de 2007

Blade 2

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Me parece que Guillermo del Toro está muy lejos de sobrepasar lo conseguido por Stephen Norrington en la cinta original de este héroe mitad humano mitad vampiro. La primera película, de la cual hay que decir que no fue nada sobresaliente en el terreno vampiresco –al contrario de, por ejemplo, Nosferatu, Drácula de Bram Stoker o la reciente Shadow of the vampire–, por lo menos contó con una trama mejor elaborada que el mero espectáculo sangriento que nos presenta Blade 2.

Las expectativas, bajo la dirección de Guillermo del Toro, eran altas. Chronos, película mexicana que lanzó al director al terreno internacional, daba cierta pauta acerca de lo que el cineasta podía lograr con el género. Un filme como Mimic también reforzaba dicha perspectiva; y la más reciente –a mi juicio la mejor de las que hoy he mencionado–, El espinazo del diablo, es otra que muestra luz sobre los dotes artísticos del realizador. Y aunque su filmografía nos dice que Del Toro sabe contar bien una historia, esta cinta de vampiros no se podría considerar como un peldaño más hacia el éxito en términos de narración de historias. Al contrario, por ser un trabajo en donde abunda la hemoglobina y los glóbulos rojos, todo se resume como un mero ejercicio técnico.

El argumento es simple: Blade forma una alianza estratégica con los enemigos de su enemigo –el rey Damaskinos–, todo con el objetivo de exterminar a una nueva raza de vampiros llamada reapers, los cuales se alimentan tanto de sangre humana como de vampiro. A ellos, a quienes perfectamente se les puede llamar una especie mejorada, no les afecta en lo más mínimo las balas de plata o el ajo. Buffy, me parece, estaría en serios problemas si se encontrara con uno de estos tipos.

Básicamente eso es todo lo que el espectador necesita saber. De ahí en adelante el espectáculo se vuelve una completa carnicería, en donde la sangre llueve a cántaros y no faltan escenas impactantes como cortes transversales en la cabeza o el análisis de los órganos internos de un reaper. Sin duda alguna el trabajo realizado para montar ese festival sangriento tiene cierto mérito a nivel técnico, y no me cabe duda que deleitará a los seguidores del gore. Sin embargo, el filme carece de sustancia. Se extrañan, por un lado, enemigos como Deacon (Stephen Dorff), los cuales le daban cierta grandeza a la relación héroe-villano con las diferentes batallas, o, por otro, líneas narrativas mucho mejor elaboradas, y no conflictos previsibles de mal gusto.

Vale la pena mencionar una línea narrativa que ejemplifica la falta de habilidad de la cinta para generar interés por sus personajes (otro de sus fallos). A lo largo del filme, y sin mayores resultados, se nos intenta introducir una pequeña historia de amor entre el héroe y una mujer vampiro llamada Nyssa. Debido al excesivo interés del director por mostrarnos “innovadoras” secuencias de pelea que poseen cierta influencia de películas como El tigre y el dragón, o bofetearnos con tantas cubetas de sangre e imágenes desgarradoras para algunos, nunca desarrolla la conexión entre esos dos personajes. Ni con ellos mismos, ni mucho menos con el espectador.

Al igual que su predecesora, la cinta está compuesta por una banda sonora discotequera que da vida a este bajo mundo dominado por vampiros. En este caso, sin embargo, hay segmentos en que llega a cansar y contribuye a que el ritmo del filme se vuelva irregular. Para los seguidores del gore el filme cuaja bien, al igual que los que asistan sin expectativas muy elevadas. Sin embargo, les recomendaría mucho más la primera parte. En aquella, por lo menos, hay una historia decente y un poco más de atención al desarrollo de ciertos personajes. Aquí sólo es ver sangre, mucha sangre.

Publicado originalmente: 17 de diciembre de 2003

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