Transformers
Calificación:
“Michael Bay (director) es un maestro de la demolición” [1]. Si el espectador mirara toda su filmografía en maratón –en orden cronológico para fines prácticos– rápidamente se percataría que para cuando aparecen los créditos finales de Transformers casi la mitad del planeta ha sido destruído sobre la pantalla de plata (desde Alcatraz en La roca hasta París, Nueva York e India en Armageddon). Si uno se apunta a ver un filme de Michael Bay lo que encontrará, sobre todo, es destrucción. Los últimos 40 minutos de este anticipado filme sobre los Autobots y los Decepticons hacen justicia precisamente a esa descripción del bullicioso realizador. Si tan solo el resto del metraje fuese condensado y mejor elaborado la película fuese indudablemente algo bueno, pero esos 40 minutos finales es lo único rescatable de un filme con un deprimente desarrollo y que, además, está sobrepoblado de tantos elementos que la mezcla final es todo un disparate.
Y es que Bay es excelente para confeccionar visualmente escenas de acción (y lo admiro por su espectacular grandilocuencia visual y estética), pero tal parece que es adicto a los guiones flojos y burdos que tanto les gusta a los estudios cuando ven potencial taquillero. Como diría el guionista Michael Keane: “¡Ese es un guión que vende!”. Es cierto, el guión de Transformers contiene los elementos necesarios que algunos han identificado en sus estudios y análisis de los blockbusters más exitosos a nivel financiero [2] (y las fórmulas no son necesariamente malas a priori), pero esos elementos –no hay que olvidar– son un medio, no un fin en sí mismos. Y aquí lo que falla simple y sencillamente es la ejecución del guión.
Para el caso ahí está el ‘interés amoroso’, ‘la relación de castidad’ (para mantener la calificación PG-13), ‘el adolescente como protagonista’, etcétera; pero los guionistas se extienden demasiado para establecer todo el conflicto entre buenos y malos que para cuando aparecen todos los Autobots (los buenos) ya casi se acerca la hora y media de proyección, y todo lo que ha precedido a ese punto de inflexión son puras patrañas por unas líneas de diálogo y situaciones que rozan lo ridículo –como lo poco convincente que resulta cuando la chica abandona a su ‘novio’ luego de una pelea para luego irse con el héroe: “nunca pensé que estaría en esta situación” (¡por favor!, hay mejores líneas de diálogo y situaciones más convincentes que esa)–. Otro ejemplo: el mini-transformer que se convierte en casetera y teléfono celular (el Jar Jar Binks de Cybertron si me preguntan, el cual intenta ser gracioso pero resulta ser un payaso de segunda). La chica rubia que se utiliza para romper con el estereotipo de la rubia tonta (todo para complacer al público femenino). En fin, elementos usuales en este tipo de filmes pero pobremente ejecutados.
Hora y media de puras patrañas es la primera y principal razón por la que considero a esta cinta como regular (aunque hay segmentos rescatables, no lo niego). La segunda es por la sobreactuación de Shia LaBeouf (el pupilo recién adoptado de Spielberg). La mayoría de sus intervenciones demandan intensidad pero el chico se pasa en ocasiones (como cuando sus padres sospechan que hay alguien en su cuarto y él trata de explicar la situación; o cuando pasa penurias con su carro la primera vez que la chica se sube a él); pero sobre todo porque de 15 intervenciones (es un número aleatorio nada más) 14 tienen esa característica de intensidad (diálogos rápidos, rostro ruborizado, sudor, venas saltadas, etcétera) que al hacer una curva global resulta poco adecuado estar viendo de principio a fin tanto alboroto interpretativo. Cuando llegan las explosiones y las carreras perfecto, pero por lo demás el tipo se pasa (que mejor ejemplo que la escena en que intenta enseñarle disimuladamente sus músculos a la heroína; hasta un premio le deberíamos de dar al muchacho).
La tercera involucra al director y al editor. Cuando llega la hora del gran enfrentamiento entre Autobots y Decepticons, la atención al detalle se pierde considerablemente por el uso de una edición rápida y planos muy cerrados. Los robots están confeccionados de numerosas partes que cuando se enfrentan cuerpo a cuerpo el tiempo de exposición de la mayoría de los planos es demasiado corto que no se sabe con exactitud el devenir de la acción (en varias ocasiones sólo se ve el bulto robótico que acapara el encuadre, mostrando un sin fin de piezas metálicas entrelazadas ya sea cayendo de un edificio o colisionando unas con otras). Ciertamente toda la secuencia del enfrentamiento es colosal y con etiqueta de ‘espectáculo’, pero ese descuido con los detalles le resta puntos valiosos para una mejor apreciación.
Y la cuarta, rápidamente, es por el abuso de posicionamiento de productos (product placement). Nokia, Apple, HP, Mountain Dew, GM, etcétera. Hay un momento en que yo diría que se congeló la pantalla para mostrar en un primerísimo plano (close-up) una memoria Panasonic. Aunque usualmente los blockbusters son el material perfecto para el posicionamiento de productos hay que saber medir la exposición de los mismos y no ser tan descarados como ese plano de la memoria Panasonic. Si quieren ver otro ejemplo reciente de abuso en el posicionamiento de productos vean Los calientabancas (The benchwarmers), ahí verán cómo Pizza Hut y Sony hicieron sus ‘fechorías’.
Por otro lado, ¿se percataron que cuando el padre le compra al chico su nuevo auto en el lugar de venta había un gran letrero que decía “financiamos a cualquiera” y, curiosamente, el nombre del establecimiento iniciaba con “Bolivia”, que junto a Colombia y Perú son los más grandes cultivadores de cocaína en el mundo? Eso no es casualidad y debido al numeroso público al que van dirigidas estas películas el subtexto está lleno de este tipo de mensajes (otros ejemplos presentes en este filme son los japoneses como pioneros con la tecnología más avanzada, los latinos y el “in English please” o el agente del centro de llamada de la India). De seguro ustedes encontrarán más.
Pero últimadamente si hay que esperar más de hora y media y aguantar ese pobre desarrollo de la historia junto con la mezcolanza de marcas, diálogos tontos, sobreactuaciones, payasos de segunda y demás, me parece que el filme tiene considerables problemas que no se pueden obviar. Como cité al principio hay que reconocer que Michael Bay es bueno para demoler cosas y ha creado secuencias de acción frenéticas y de buen calibre (la invasión en Pearl Harbor o la persecución de La isla son dos excelentes ejemplos), y en Transformers hace un competente trabajo a la hora de la batalla, pero este filme intenta ser más que un mero enfrentamiento para agradar a todo tipo de público que termina fallando miserablemente en casi todo apartado narrativo que no tenga que ver directamente con estos robots.
NOTAS Y REFERENCIAS:
[1] Es una descripción que me parece de lo más acertada y es de A.O. Scott del NY Times en su comentario sobre la película.
[2] Epstein, Edward Jay. The Midas Formula: How to create a billion dollar movie franchise. Slate magazine, Mayo 31 2005.
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