Reign over me
Calificación:
No he visto Punch drunk love (2002), filme que le adjudicó al actor Adam Sandler, según sondeos en varios medios especializados y opiniones de los cibernautas, una imagen que no fuese únicamente la del actor cómico consagrado. Al igual que los de su casta (léase Jim Carrey, por ejemplo), tal parece que a medida que las carreras de estos artistas van madurando, existe una especie de síndrome que los induce a convertirse en ‘actores serios’.
Sandler ya lo intentó, y dicen que lo hizo bien; hoy, con Reign over me (En algún lugar de la memoria), le da nuevamente otra oportunidad a esa faceta actoral que se vuelve, al parecer, como un fantasma que atormenta a los comediantes en sus más profundas noches de vigilia y reflexión.
En esta ocasión, me parece, el tipo no logra despojarse de ese lenguaje corporal que ha desarrollado a través de su carrera, llegando a sentirse en varios momentos una confusión al no saber si nos encontramos ante un drama o ante otra de sus no muy entusiastas comedias a las que nos tiene acostumbrado. Claro ejemplo de ello es, sin duda, su escena clímax, en la que el actor logra una variedad de registros en los que no se sabe con certeza si reír o llorar, generando una sensación de irregularidad que daña en buena medida el propósito de la misma (y al extender esa característica a otros fragmentos del filme, a toda su interpretación).
El actor da vida a Charlie Fineman, un ex-practicante de medicina (dentista) que experimenta un severo estrés post-traumático luego de que su esposa e hijas fallecen en un accidente aéreo. Su vida, a raíz de ese incidente, se vuelve prácticamente sin sentido, y para afrontar el paso del tiempo y la amargura, Charlie se refugia en actividades como los juegos de video o la comida china, creando una barrera emocional impenetrable... hasta que un día se reencuentra con un ex-compañero de universidad y su vida comienza a dar cambios inesperados y no deseados, pero necesarios, según los que le rodean.
Entra en escena Don Cheadle, el cual, a mi juicio, es el responsable de que la película no se hunda en las mareadas aguas que navega. Su personaje, aunque sacado de los más vergonzosos clichés, sale avante gracias a la soltura y destreza del actor, que aunque no estamos hablando de un Hotel Rwanda, por lo menos nos invita amablemente a seguir su trayecto a lo largo del filme. Aún así, la cinta tarda demasiado en despegar, como si tuviese el mismo temor a padecer el cruel destino del avión al que se hace referencia en más de una ocasión durante la película.
Inicia bien, con un ritmo sereno, pero es un poco laborioso perdonarle el hecho de que cuando ambos personajes colisionan por sus diferencias y falta de entendimiento, generando choques que explotan en ataques de ira por parte de Charlie, el filme se atasca en una especie de círculo vicioso repitiendo ese ciclo que ya ha quedado bien definido en escenas previas, visualizándose que el guión no va fluyendo de una manera lo más eficiente posible. Cuando el desenlace llega, lo abrupto de la conclusión no deja del todo un buen sabor al verlo a gran escala.
Además, personajes tales como la psiquiatra o la paciente obsesionada con el sexo oral, no logran ser lo suficientemente sólidos y autónomos dentro del gran esquema del filme, funcionando básicamente como rellenos para cumplir determinados roles al finalizar la película.
En fin, Reign over me es un trabajo que se deja ver por algunos chispazos entre la interacción de los principales, al igual que varios toques de comedia y buen drama que se vislumbran por momentos, pero que ultimadamente no generan la mejor de las combinaciones. Sandler podrá lograr minúsculos instantes de buen porte, pero en este filme, por lo menos, no es capaz todavía de despojarse de esos gestos exagerados e inverosímiles que le vimos, por ejemplo, en El aguador (1998), los cuales, claro está, no pegan muy bien con lo que aquí se muestra.
La película está disponible en DVD.
Tags: Adam Sandler, Don Cheadle, Liv Tyler



