There will be blood (Petróleo sangriento)
Calificación:
El primer encuadre de There will be blood es un panorama desolador: un trío de montañas rocosas, solitarias en medio de 'la nada', yacen imponentes ante cámara. La banda sonora que acompaña la toma, la cual evoca una atmósfera casi siniestra al estilo Kubrick (véase The shining [El resplandor, 1980]), nos anticipa, sutilmente, lo siguiente: 'algo' está a punto de suceder (y no suena a nada bueno).
Los primeros 15 minutos del filme ocurren sin el auxilio de un tan solo diálogo. Ni una palabra.
Se trata de una introducción tensa, inquieta, que nos establece el ritmo general que enfrentaremos a lo largo del metraje y que demuestra, además, una precisión del lenguaje cinematográfico encomiable.
Daniel Plainview (Day-Lewis) es un magnate petrolero que genera su fortuna con base al trabajo duro. No es casualidad, por ejemplo, que la primera imagen que vemos de él se trate precisamente cuando se encuentra ejecutando un trabajo físico extenuante (picando roca en búsqueda de oro).
Con un plano de Plainview acurrucado, bebiendo ante una fogata y su tienda de campaña (relámpagos y viento azotando), el director nos revela otro dato crucial: Plainview es un hombre solitario.
A lo largo del filme, entre otras cosas, lo que el espectador irá presenciando es más o menos un estudio psicológico del personaje (contado en clave cinematográfica, por supuesto), el cual se presenta, diría yo, en forma de iceberg. Y aunque sólo logramos ver la punta del mismo, por debajo se esconde un caudal de información que resulta exquisita de descifrar.
Como tal, There will be blood puede tener diferentes lecturas. Algunos la comparan, por ejemplo, con Ciudadano Kane (1941), un ícono del cine estadounidense. Otros, en cambio, prefieren evitar comparaciones y enfrentar el texto fílmico tal como se presenta en nuestro aquí y ahora, realizando paralelismos con situaciones más contemporáneas.
Lo cierto del asunto es que, a pesar de las diversas lecturas, el filme contiene un rico contenido cinematográfico, y es de ahí donde proviene precisamente su fuerza.
El inicio es un excelente ejemplo; un segmento, sin diálogos, que utiliza de manera precisa el sonido y la partitura musical para acarrear la mayor parte del peso de toda la secuencia.
Un establecimiento del relato que deleita a todo aquel que defiende a capa y espada que el cine debe mostrar, no contar.
Otro ejemplo, el preferido de este servidor, es el que tiene lugar al momento de revelar la ubicación de la fuente de petróleo que posteriormente explotará Plainview. Durante esa negociación, que tiene lugar en una apretada oficina, observen cuidadosamente el devenir de la acción, la cual, a través de un plano prolongado y un corte, va revelando gradualmente a otros dos participantes anteriormente "escondidos".
En síntesis, una ubicación espacial de los actores cuidadosamente planificada. Brillante.
Pero no todo reluce en estos pozos petrolíferos. Hay momentos, por ejemplo, en que la partitura musical subraya demasiado ciertos pasajes, estirándose varios segundos de más y creando una especie de angustia un poco excesiva. De la misma manera, la participación de uno de los personajes, me parece, se extiende demasiado durante el relato (caso del hermano de Plainview, que no logra aportar lo suficiente para justificar su tiempo en escena).
El filme puede ser visto, por supuesto, desde la óptica económica (el sistema capitalista pujante de inicios del siglo 20), pero me parece que, al final del recorrido, es la óptica psicológica la que trae consigo abundantes recompensas. Después de todo, There will be blood tiene como piedra angular el examen concienzudo de su personaje. El antagonista también juega su rol principal, pero el filme ultimadamente nace y se marchita desde los lindes psicológicos de Plainview.
En todo caso, la cinta es una muestra exquisita que no se presenta en bandeja al espectador. El visionado requiere de una participación activa por parte del mismo, no dejando pasar de largo ni el más mínimo detalle para sacar el mayor provecho del texto (y sobre todo del subtexto).
Sin duda, una pieza cinematográfica de gran factura.



